La enfermera Doris: casi 50 años cuidando nuestra salud

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Doris Fonseca es enfermera hace casi 5 décadas, atiende la consulta de trauma en el policlínico de especialidades del hospital Céspedes. / Foto: Diana Iglesias

Casi es fundadora del Hospital Carlos Manuel de Céspedes de Bayamo, que cumplirá en octubre próximo 50 años de inaugurado. Se incorporó unos meses después  de la apertura como auxiliar de consultas y tuvo el privilegio eso sí, de abrir algunos de estos servicios como el de patología de cuello en los primeros años de la década del 70 del pasado siglo en el que trabajó por muchísimos años.

Los pacientes de otorrino, ginecología y preoperatorio la recuerdan de blanco impecable, discreto el maquillaje, las manos inmaculadas, solo el reloj en su muñeca, con secundario para tomar el pulso. Sabía la hora de inicio laboral: 8.00 am, pero no la del regreso a casa.

Me gusta la enfermería, mi trabajo y le dedico todo, me dice rotunda. Sigue contando que en la época inicial del hospital provincial bayamés las consultas estaban en el pasillo principal, donde hoy está el salón de maxilofacial y el banco de sangre.

Recuerda que al igual que el resto de los servicios, el de patología de cuello, al que ha dedicado la mayor parte de su vida, tiene carácter provincial, venían mujeres de todos los municipios y muchas veces atendían hasta las siete de la noche.

En este servicio tan definitorio para el programa de prevención del cáncer cérvico uterino y disminuir la morbi-mortalidad en las mujeres por esta causa, se hacen despachos para soluciones quirúrgicas, se aplican diversos tratamientos como la criocirugía, la electrofulguración y las curas vaginales y la citología, estas dos últimas de la competencia del personal de enfermería.

De todo aprendió Doris. Si, porque hablo de Doris Fonseca Fonseca, esa señora de pelo plateado con modernos risos que recorre día a día desde bien temprano el policlínico de especialidades del hospital Céspedes y que atiende la consulta de trauma.

Además de atender a los pacientes y practicar algunos procederes de enfermería, en la consulta de patología de cuello uterino ella debía lavar todo el instrumental y prepararlo para esterilización, ordenar y recoger el local, hacer los pedidos de soluciones y material gastable a farmacia y acarrear todo hacia la consulta. Era un trabajo titánico que se repite de lunes a viernes invariablemente.

Otra de sus funciones en esta cadena de salvar vidas humanas es llevar las estadísticas en tarjeteros muy útiles separados por patologías para la planificación de los tratamientos, el seguimiento y la atención personalizada a cada mujer, además de despachar con cada municipio la situación de las mujeres para la atención local y hacer el registro provincial, tributar los informes semestrales a instancias superiores.

La apertura de cada jornada se realiza con una charla a salón de espera lleno, me dice y se reclina como si aparecieran de momento esas imágenes pasadas en sus ojos. Recuerda a los médicos y doctoras que le acompañaron, porque la que permanecía era ella y no al revés.

Cuenta de la angustia que sentía cuando faltaba una paciente y la responsabilidad de localizarla en el área de salud, no importa si vivía en Pilón o en Buey Arriba, iba detrás de la inasistente, gracias a la minuciosa información guardada de cada una en los controles.

A mano hacía todo, en las décadas del 70, 80 y 90 del pasado siglo e incluso la primera década del siglo 21 no estaba informatizado el servicio externo del hospital, aun hay mucho que hacer en este sentido. Y luego transcribía las boletas en la máquina de escribir de la dirección del hospital.

Un regalo a su consagración y competencia profesional fue el paso de auxiliar de enfermería a enfermera. La comisión nacional siempre visitaba la consulta de patología y observaba el desempeño, los resultados, al ingresar al curso que la acreditaría en un peldaño superior, le convalidan numerosos exámenes.

Aun sin pensar en el retiro, y pronta a llegar a las siete décadas esta mujer de tez muy blanca y andar seguro impresiona juventud y experiencias en su punto medio de mezcla perfecta.

Con añoranza del servicio de patología de cuello sabe que está donde es necesaria y lleva dos años en la consulta de trauma, donde se trabaja duro y en incontables días se unen las jornadas de la mañana con la tarde.

Antes laboró 3 años en la sala de oncología y ahora además atiende en las tardes los servicios externos de neurocirugía, cirugía general y cirugía infantil. El trabajo es en esencia muy parecido, se camina bastante en el llamado a los pacientes, se hace trabajo educativo, preventivo y además un poco psicológico, vienen algunos con ansiedad y angustia, hay que levantarles el ánimo y darles esperanzas, me dice segura de que llega con su palabra.

De las experiencias vividas en la República bolivariana de Venezuela, concluyo que Doris es de esas personas para las que el aprendizaje es un proceso ininterrumpido.

En el hermano pueblo bolivariano, en un Centro de Alta Tecnología con poco personal roto por los servicios de endoscopia, laboratorio cardiología y en cada de uno de ellos incorporó prácticas de enfermería a su ya rico arsenal, como la extracción sanguínea y el manejo de equipos complejos de diagnóstico.

Cuando retorno al tema del descanso, me dice que no hay ley que la saque de su puesto, y no es solo cuestión monetaria, asegura, prima el amor por su trabajo y se traduce en el cumplimiento del horario y el servicio que presta con absoluta eficiencia, del que me da fe la Licenciada Norca Hernández, jefa del servicio de enfermería del policlínico de espacialidades del hospital Céspedes.

A pesar de los años de trabajo no percibe ningún privilegio que la distinga de sus compañeras, labora ocho horas diaria y asiste sábado por sábado a su puesto. Si alguna se ausenta, ella cubre ese puesto y exhibe el récord de años sin certificados ni ausencias, a pesar de que padece de asma crónica, recuerda que faltó al trabajo solo en las licencias de maternidad.

Y hablando de los hijos y de la familia, sus vástagos siguieron el camino de las ciencias médicas. El varón como oncólogo y la hija es Licenciada en enfermería y se desempeña en la docencia. Su esposo, con quién vive, es la retaguardia que la apoya y anima a seguir.

Pero estos pasillos, estas consultas significan todo para Doris, ahora es de las más experimentadas pero comenzó muy joven y fue cultivando el amor por la institución de la que nunca se fue.

No hay nada como estar frente a un salón repleto de personas que necesitan de ti, me asegura, hay que tener aplomo, paciencia para explicar, les saludo primero y les digo el nombre del médico que los atenderá y establezco el orden de prioridades empezando por los niños, los operados, los discapacitados.

Al final de cada consulta, y sin llegar a esta, Doris percibe el alivio de sus pacientes, el tirón hacia el piso que dan la ansiedad y la angustia de los recién llegados ante sus palabras. Seño Doris, la llaman, y ella va solícita de un lado a otro.

Diana Iglesias

Licenciada en Psicología, Universidad de Oriente 1998. Escritora de programas dramatizados históricos para la radio. Periodista en la redacción de la Oficina Cultural Ventana Sur. Colabora con las páginas web de La Demajagua, Crisol, AHS, CNC TV , ACN. Realizadora audiovisual, documentalista. Promotora cultural.

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