Caminar Cuba en una plaza

Comparte
La Plaza del Himno Nacional, uno de los espacios públicos más antiguos y simbólicos de la ciudad de Bayamo, provincia Granma, Cuba, 19 de octubre de 2020. ACN FOTO/Armando Ernesto CONTRERAS TAMAYO/sdl

Como traspasar las barreras del tiempo y caminar junto a procesos y figuras medulares de la historia patria, la Plaza del Himno Nacional, en la añeja y emblemática ciudad de Bayamo, ofrece al transeúnte elementos consustanciales al ideal de lo cubano y es sustento espiritual de la Nación.

Para el historiador de la urbe, Ludín Fonseca García, se trata sin duda de uno de los espacios públicos más antiguos, simbólicos y queridos de la segunda villa fundada por los conquistadores españoles en la Isla, y actual capital de la provincia de Granma.

Ella atesora no sólo la audacia de nuestros padres fundadores, sino el valor del pueblo humilde que fue capaz de abrazar las ideas independentistas, seguir a los iniciadores y entonar aquella marcha guerrera: obra inmortal, asumida y reverenciada por los cubanos luego de más de 150 años de su estreno.

Explicó que la orientación hacia el río Bayamo nos habla de las primigenias vías de acceso y comercio empleadas desde el siglo XVI, y el templo católico erigido al centro también pertenece a la cultura cubana por la trascendencia de los acontecimientos ocurridos tanto en su interior como en la propia explanada.

Ludín Fonseca García, Historiador de la ciudad de Bayamo.

Desde entonces y con mayor fuerza en los años del 1800, fue centro de sucesos políticos pues allí se ponían en pica, como acción ejemplarizante, las cabezas de ladrones, piratas y corsarios, entre las cuales se vio la del francés Gilberto Girón, el gran antagonista del poema épico Espejo de Paciencia, considerado la primera obra literaria cubana.

La preeminencia de la antigua Plaza de la Parroquial Mayor determinó, además, que las viviendas en su entorno fueran ocupadas por muchas de las principales familias de la villa, como los Tamayo, Muñoz y Figueredo, relató el historiador.

Pero realmente –dijo- su mayor protagonismo y reconocimiento emanan de la interpretación pública, el 20 de octubre de 1868, de la marcha guerrera La Bayamesa, devenida Himno Nacional de Cuba.

Ese fue el hecho que convirtió a la explanada en un lugar único en el país, y de un vínculo igualmente indisoluble con la figura del autor del canto patrio: Don Pedro Felipe Figueredo Cisneros, quien a partir de aquel momento sublime comenzó a ser, para todos los cubanos y hasta nuestros días, simplemente Perucho.

Posteriormente y durante casi cuatro siglos, la denominación de Plaza de la Parroquial Mayor permaneció inamovible, hasta el fallecimiento en Bayamo, en la primera década de la república neocolonial, del Mayor General del Ejército Libertador Jesús Rabí, en cuyo honor el sitio pasó a llevar su nombre.

Argumentó Fonseca García que dicha transformación fue parte de un movimiento mediante el cual se eliminó el santoral católico de las denominaciones de las calles de la ciudad, evidenciándose así el peso de los independentistas en el ayuntamiento local.

El referido nombramiento reconocía también la impronta de Rabí como uno de los principales mambises firmantes de la carta enviada al Sumo Pontífice solicitando el reconocimiento de la Virgen de la Caridad del Cobre como Patrona de Cuba.

La Plaza Jesús Rabí mantuvo vigencia hasta 1974, cuando sin desconocer los muchos méritos del caudillo, el entonces director del Archivo Histórico de Bayamo, José Carbonell Alard, envió al Comandante en Jefe Fidel Castro una misiva argumentando la audaz propuesta de cambiar apelativo por el de Plaza del Himno Nacional.

Tan acertada motivación encumbró el hecho más trascendente acontecido en la explanada, la misma que hasta la actualidad es motivo de orgullo para los bayameses y cubanos todos.

Desde ella -resaltó Ludín- muchos artistas de renombre quieren compartir su arte y resulta lícito permitirlo, sobre todo porque la cultura cubana es constantemente asediada en medio de la fuerte batalla ideológica que vivimos.

Tales deseos son manifestaciones naturales de la unión entre cultura e independencia, porque al igual que los padres fundadores, las principales figuras de la intelectualidad nacional siempre han estado identificadas con los procesos revolucionarios en la Isla.

Semejante convergencia demuestra la gran fortaleza de nuestras raíces culturales sedimentadas a lo largo de más de cinco siglos, y su contribución a la supervivencia de la nación cubana, agregó. (Por Elizabeth Reyes Tases, ACN)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

2 × cuatro =