Sucedió de repente un día cualquiera del calendario, pero como ocurre con los hechos dirigidos por los grandes hombres Hugo Rafael Chávez Frías marcó un antes y un después y entró en la historia ya por siempre.

Fue el cuatro de febrero, en 1992, cuando el mundo amaneció con la noticia de un "golpe de Estado en Venezuela".

Lo más curioso resultó que se producía cuando los grandes medios de prensa del continente americano afirmaban, cada vez más rotundamente, que la era de los golpes y dictaduras militares en Latinoamérica era cosa del pasado, y a la vez se deshacían en alabanzas al modelo neoliberal del cual Carlos Andrés Pérez, el gobernante venezolano de entonces, era un gran exponente.

En Nueva York, los cubanos que trabajábamos en la Misión Permanente de Cuba ante las Naciones Unidas, observábamos asombrados los comentarios que sobre el hecho hacían las grandes y reconocidas cadenas televisivas.

Univisión y CNN en español, dos de ellas, afirmaban que las primeras declaraciones del hombre al que llamaban el “líder golpista”, parecían dichas “por uno de los próceres de la independencia americana”.

No se lograron entonces los objetivos del alzamiento patriótico y Chávez se encontraba entonces recluido en Fuerte Tiuna y así, sin intuirlo, ambas televisoras profetizaban acerca de un venezolano que, a no dudarlo, se insertaba desde ese momento en la historia del continente en su lucha por la autodeterminación y contra el injerencismo extranjero.

A partir de entonces, el suramericano humilde nacido en Sabaneta, del sudoccidental estado de Barinas, sólo 38 años antes, el 28 de julio de 1954, retó constantemente la capacidad de asombro del mundo.

Salido de prisión el 26 de marzo de 1994, se introdujo en la vida política electoral de su país y apenas en cuatro años entraba en la sede presidencial de Miraflores como presidente.

Desde de ese momento, en 14 años de gobierno, gracias a la raigambre lograda en su pueblo, Chávez salió airoso y más fortalecido del golpe de Estado derechista en abril de 2002, algo nunca antes logrado por mandatario alguno en América Latina.

De igual manera y gracias al apoyo popular, neutralizó totalmente en febrero de 2003 un peligroso paro petrolero iniciado en diciembre del año anterior.

Decenas de amenazas, sediciones, planes de asesinato contra su persona y todo tipo de intentos desestabilizadores de la extrema derecha local, aupada desde Estados Unidos, se estrellaron contra la solidez del Gobierno Bolivariano liderado por Chavéz.

De manera también inédita, se sometió airosamente a 19 procesos electorales, cifra récord para un proceso político en todo el orbe.

En diciembre de 2012, en medio de su última batalla, contra la grave dolencia que le afectaba, supo mantener su visión de futuro en el llamado a su pueblo a mantener la unidad y con ese eco de su voz, viven los venezolanos tras su deceso, acaecido el cinco de marzo de 2013.

La generosidad, virtud que prodigaba sin reservas hacia todos, carisma, liderazgo, honestidad y sentido de la lealtad y la amistad, le granjearían el cariño total y eterno no sólo de su pueblo.

Millones de hombres y mujeres, dignatarios y destacadas personalidades de todas las latitudes, reconocieron en Chávez a un ser excepcional.

Con el líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, compartió la más sincera y plena de las relaciones conocidas entre dirigentes revolucionarios.

Fue acaso por ello que, muy a pesar de contar Cuba en el mundo con no pocos y muy leales y notables seguidores, Fidel consideraría a este prócer que los venezolanos proclaman su “Eterno Comandante”, como “el mejor amigo de Cuba”, ese que los nacidos en esta tierra mantendremos por siempre con nosotros.

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