Ocurrió el 9 de mayo de 1995 –justo, el día de celebrarse el 75 Aniversario del Natalicio de la Heroína Celia Sánchez Manduley. La provincia de Granma, fundó su telecentro CNC (Crisol de la Nacionalidad Cubana). Por coincidencias históricas, a diez días de conmemorarse el centenario de la caída en combate de José Martí –el 19 de mayo de 1895 en Dos Ríos-.

 Tal acontecimiento cultural, de inmediato generó su público. La audiencia ávida de verse reflejada, no solo como imagen en la pantalla, sino como protagonista histórico social; sentó pautas para hacer realidad la idea de verse cotidiano. Inmiscuido sin recelos en lo político, económico y social, surtido en el progreso de elucidar su idiosincrasia.

 Digo: ya hoy es un púbico prolijo, porque poco a poco se ha ensanchado en ser el mejor crítico de sus gustos y preferencias. Feliz y orgulloso, viendo amigos, vecinos, familiares en un programa televisivo. Satisfacción que jamás había tenido antes. Halo por muchos años, lejos de su alcance -hasta comenzarle sus sueños, aquel día vueltos realidad.

 Pudiera decirse: ungidos de la televisión de proximidad cultural, como defiende en su tesis, Juan Ramírez, director de programas -amante del mundo audiovisual-, que junto a otros directores, periodistas, productores, asesores, especialistas; en fin realizadores artísticos…, que han pulido y pulen el perfil del granmense, como orfebre en su propio canto: sencillo.

 La teleaudiencia, capaz de discernir lo galán en el vestuario afín. Ver el tono y la luz de la escenografía en sus resquicios. Tener el tino de percibir lo repetitivo. El don preciso de decirlo: “feo“, “horrible”; “eso no sirve”. No oculta su risa ni su aplauso, ni el: “viste”. “Así se habla, sin miedo”. En su rostro, surca la pena si es crítica pasiva, lejos de su testimonio.

 Albor crecido con la apertura de los telecentros: Golfovisión en Manzanillo y Portadavisión en Niquero. Y las corresponsalías municipales -excepto Jiguaní-. En esa apuesta de captar lo próximo, se multiplicó lo protagónico. Donde crece el hombre orgulloso en cada una de las comarcas-más allá de falsas utopías-, porque día a día se pulsa el tesón de sus realidades.

 Sin embargo, como público coniforme, no solo vive de sus ya numerables regocijos ante lo alcanzado. A veces siente nostalgias -quizás impotencia-, cuando sabe y ve cómo por causas del hándicap económico –déficit de la técnica-, dejan de existir algunas corresponsalías -su visión más cercana-, donde creaban su mensaje lugareño.

 No obstante, lo más excelso en 20 años –haciendo cámaras-, es haber conquistado un público fiel y vigoroso. Un público que a pesar de los pesares, ha crecido, crece y exige. Y aunque exista una programación nacional, que por demás: haya sido afín a la política de horarios y señales -insertado en su vida laboral y estudiantil-; vibra su vox populi: ¡Vieron!

 Y entonces hablan de: Frecuencia 12 y su servicio social. Meridiano y el ánimo cultural. En Directo, el ritmo noticioso. Entre Signos por la crítica. Transparencia en puntos vistas. Andar Fecundo, de la génesis en la vida histórica. Ranchón Guajiro por tonadas y forestas. Diario de Familia, acogido al sentido hogareño. Aristas a las pinceladas políticas.

 Sin Perder de Vista, lo económico y lo legal. Sin Teque y Así Somos, tras la impronta adolescente y juvenil. Chiquillada, la inocencia infantil. Radar, la gran travesía por la ciencia y la técnica. Average, el crédito deportivo. Noti ANSOC, mensaje útil. La Ventana, lo excelso del hombre y la mujer. Boletín, adelantos noticiosos.

 Memorias, el amor a la historia. Cinco Historias, el deber y el espíritu de lucha. Entre Nosotros, asiduo a la salud. Convergencia, la celebridad (lo autóctono). La Nueva Fuerza, por la música. Todos en la pericia de hallar la imagen -yendo de voz en voz-, sin amagos a la realidad, ni creencias de ser lugar fatal, pues en la obra creada no existen nimiedades.

 Así, en el simple hablar, el público distingue su televisión. La palabra puesta sobre cada programa. No dice solo su gusto, sino su disgusto. Por eso la ve y la siente. Disfruta. Se enorgullece. Y a la vez -en ocasiones- se indigna.

 Dos extremos, ¡no!. Es por el siempre sentirse bien reflejado en su propia Granma -en honor al yate legendario-,
Sano y humilde es nuestro público. Acertado y digno. De un pedir sin mendigar nada. Acogido a sus costumbres, a su idiosincrasia; y a su inmemorable historia, agrandada por épocas. Sin declinar jamás en su himno de combate. Glorioso en cada señal porque es imagen televisiva consustancial a la vida intrépida; a la memoria de Celia y Martí.

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