Con un particular interés en el lenguaje corporal de los actores y la relación diálogo – gesto, Noria, del dramaturgo Roberto D.M. Yeras, cautivó a sus espectadores en la Casa de la trova, de Bayamo.

Noria, protagonizada por el grupo de teatro Alas D´Cuba, bajo la dirección general del actor Fernando Muñoz Carrazana y la producción del Consejo provincial de las Artes Escénicas de la provincia como parte de las Comunitarias de verano, narra la historia de César y Andrés, dos amigos que se encuentran por casualidad luego de muchos años, en el momento en que sus destinos aparentan alejarse en sentidos definitivamente contrarios.

En común, tienen el lastre de su experiencia como soldados internacionalistas. Para despedir a César, “el más afortunado”. En el bar, se mezclan casi forzosamente sus obsesiones, con las de Migue, administradora; Rauli, cantinero; Arcadio, internacionalista en Angola, testigo de una realidad incoherente, y Anita y Yumey, dos jóvenes errantes que venden placer con atractivas tarifas al alcance de cualquier mortal.

La obra, logra sin atiborrar de medios una coherente descripción del espacio: un bar calificado de “mala muerte” en el que se aprecia una modesta barra, una puerta de acceso al local y al almacén; mesas, sillas, lámparas, y un cartel de ‘No hay cigarros ni ron’, que se expenden por la izquierda.

Los personajes logran un diálogo ameno, y en consonancia con sus personajes marginal, sin embargo, no exento de poesía.

El vestuario, se convierte en un comunicador por excelencia de los personajes, sobre todo en Yumei y Anita, dos jóvenes errantes que “luchan” la vida, y el viejo Arcadio, un hombre desaliñado cuyos harapos exhalan incluso la fetidez propia de esas personas mayoritariamente de la tercera edad que han sido dejadas al descuido y desamparadas por sus familias.

Llama la atención cómo este hombre paradójicamente loco, alcanza en su diálogo momentos de lucidez, con diálogos y sentencias que invitan a la reflexión y impregnadas de poesía, y pienso en parlamentos como: “Hay que golpear la carne para que sane/ El fuego nos va a quemar a todos despacito/ La noria nos pasa por encima/ La verdad está esperando porque la descubran/ Hay que salir a buscarla/.”

En el plano temático, la obra reflexiona sobre el egoísmo, sobre cómo las personas se encierran en sí mismos y se centran en resolver sus problemas, sin salirse de ese epicentro, sin importar la relación con los demás; también habla del rescate de valores como la fidelidad, la solidaridad, la honestidad.

Como un catalizador de la sociedad, Noria refleja modos de pensar y de vivir mediante la dicotomía diálogo-gesto.

“¿Te vas porque te casaste, o te casaste para irte?”. La interrogación de Rauli a César expone la mentalidad de quienes ven la emigración como una alternativa para mejorar económicamente, aunque para ello deban estar físicamente con una temba, o con un viejo gordo y calvo; otros, prefieren quedarse en Cuba, porque es el único país “donde único se puede vivir del invento.”

En el medio, una reflexión del loco Arcadio, más lúcida que la misma realidad: “Las calles están infectadas. El cuerpo es una mentira, y el alma también.”

Algunas escenas, reiteran el maltrato físico y emocional del cual son víctimas las personas de la tercera edad: “Llegar a viejo no es fácil”, dice Arcadio, y en su frase resume la marginalidad a que son sometidos los ancianos y la desintegración familiar que roe a tantas familias.

Muchas podrían ser las enseñanzas de esta pieza, es de esas que cada vez que la observas consigues extraerle nuevos saberes. Al final, invita a reflexionar sobre cómo debiéramos llevar nuestras vidas, exhorta a aprender a aceptarnos y a recomenzar nuestras vidas, amén de aquello que nos haya marcado para siempre.

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