Hace unos días la periodista argentina Jimena Riveros, amiga de Cuba y participante aquí en paneles sobre Internet como herramienta para la integración, me pidió que le hablara más sobre los jóvenes.

Poco a poco, alimentó su idea de redactar un trabajo, basado en las respuestas a tres preguntas: ¿Cómo ve las conversaciones entre su gobierno y el de EEUU?, ¿Qué es su país para usted? y ¿cómo se imagina a la Isla dentro de 10 años?

Completó el botón de muestra con las opiniones de diversos estudiantes, incluidos dos de Granma, y una profesora de la Universidad de Holguín.

Y concluía: “Están concientes de su realidad política y social. Por su edad, solo conocen una Cuba bloqueada pero revolucionaria.  Son críticos y comprometidos con su sistema social y la nación”.

Luego, me comentó, por el chat, su permanente sorpresa por la preparación de este pueblo, en especial de los jóvenes, y su capacidad para analizar causas y consecuencias, recordar la historia y amar las esencias: “Me gusta como hablan, la pasión y los argumentos”.

En verdad, las respuestas son alentadoras y confirman los conocimientos, carácter emprendedor y pies en la tierra de quienes deseamos una Cuba siempre mejor, sin renunciar a lo conquistado.

Me alegró percibir la claridad en las ideas, más en momentos de un acercamiento con Estados Unidos, apertura de embajadas y cuando tantos criterios rebotan en hogares, barrios, calles y centros de trabajo, pues aquí, ya sabemos, las peñas no son solo deportivas.

De forma general, nuestra juventud es inteligente y consciente del contexto. Sabemos de expresiones como: “… está perdida” y otras críticas, pero si usted mira a su alrededor, seguramente, también encontrará ejemplos favorables.

Siento un orgullo tremendo cuando comparto con otros muchachos, que hablan de sus deseos de ser útiles y ansias de superación. Hace poco, en una visita a Manzanillo, conversé con varios. A veces, el diálogo comenzaba con un abrazo y se intercalaban anécdotas y bromas del pasado, recuerdos de la etapa en el preuniversitario, cuando compartimos el aula.

Allí estaban Mailín, ahora licenciada en Estomatología, y Tatiana y Marcel, graduados de Ingeniería Industrial y trabajadores de la Fábrica de Acumuladores. Sus sonrisas eran las mismas de antes y hasta la pasión, pero con más madurez.

Marcel sigue fiel al fútbol. Tal vez, en las tardes hasta trate de repetir los goles, que raramente anotaba durante los juegos en el IPVCE Silberto Álvarez Aroche, aunque diga lo contrario, sin embargo habla, sobre todo, de trabajo, de como pone en práctica lo aprendido en la escuela, de las perspectivas de la empresa.

A esta generación no se le puede pedir que vista o se peine como las anteriores. El fenómeno es mucho más complejo. Por supuesto, todos no son iguales de aplicados o responsables, nunca lo han sido ni lo serán. Más allá de pinchos, aretes o pantalones a la cadera, de teléfonos celulares y computadoras, somos hijos de nuestros padres y de este tiempo, amantes del país y su historia.

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Un comentario en «Hijos de este tiempo»

  1. Que bueno es Yasel contar en nuestra provincia con periodistas jóvenes que escriban con tanta pasión como lo haces tú y que aborden un tema tan vital en estos tiempos como lo es la juventud. Y es como dices esta es la juventud de estos tiempos, cada cual con su forma de vestir y de decir pero con muchas ganas de hacer y de aportar.
    Sigue escribiendo de este tema a los jóvenes nos gusta.

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