Ahora muchos de los que defendían a los seis equipos han protestado. “Se quedaron demasiados peloteros”, “es un crimen que hayan dejado a un hombre que bateó 370”, “habrá que hacer algo”, dicen varios. Ayer mismo en la transmisión radial del partido Granma vs Villa Clara el narrador Normando Hernández no se cansó de hablar sobre ese tema.

Estos lamentos surgieron después de la elección de los 30 refuerzos que animan la segunda fase de la Serie Nacional de Béisbol (SNB) en los seis equipos “sobrevivientes” para este tramo.

Esas voces solo vienen a confirmar que todavía no hemos dado en el clavo en la búsqueda de una estructura que no derroche pero a la vez que desarrolle, complazca y seduzca.

¿Qué harán esos atletas durante seis o siete meses si no son convocados a la preselección nacional? ¿Cómo podrán desarrollarse? ¿Era necesaria la fórmula de los seis equipos para elevar el llevado y traído techo de la pelota cubana?

Acaso nadie tenga las respuestas precisas a estas interrogantes, pero lo cierto es empujar a 370 peloteros a la nada por un buen tiempo no parece ser el método para perfeccionar nuestro béisbol, herido ya por varios de sus órganos vitales.

Si se mira la relación de los ausentes en la segunda fase encontraremos casi una preselección –llamémosla B- nacional. Hay desde deportistas que estuvieron en Juegos Olímpicos (Eriel Sánchez, Norberto González, Giorbis Duvergel, Danel Castro, Yohandry Urgellés y Michel Enríquez), hasta jugadores participantes en torneos internacionales de primera clase, como los casos de, Rudy Reyes y Yuliesky González. (No cito a Frederich Cepeda y Carlos Tabares –ambos olímpicos- por estar lesionados).

Tal vez algunos digan que los mencionados son beisbolistas veteranos, que ya vieron pasar sus mejores días sobre los diamantes, pero también destacan en la relación de ausentes otros con sangre joven como Daviel Gómez (Sancti Spíritus), Yorbert Sánchez (Industriales), Dainier Gálvez (Isla de la Juventud), Leandro Urgelles (I.J), Luis Manuel Castro (Mabayeque), Luis Enrique Castillo (Guantánamo) y Jorge Jhonson (Las Tunas). Sumemos a uno menos joven pero no veterano: Yariel Duque (Artemisa).

Todos ellos estuvieron en el Juego de las Estrellas desarrollado el sábado 29 de octubre pasado en Matanzas.

¿Llegaron al partido de las estrellas por “obra y gracia” de la casualidad? Por supuesto que no.

La lista de atletas con méritos para seguir jugando en esta “fase de seis” rebasa los 40, aunque se sabe que ciertos personajes dirán: “en un torneo sin calidad cualquier brilla”.

Sin embargo, ¿cómo probar que pueden brillar cuando supuestamente se concentra la calidad si no están en ninguna nómina de los seis conjuntos contendientes?

Hace varios años, el experimentadísimo manager Carlos Martí expuso que para elevar el “techo” de nuestro béisbol es primordial robustecer las bases; quiere decir, mejorar el deporte abajo, superar esquemas de campionismos, invertir en la pelota, beber de otras latitudes, etc.

Ni con seis equipos, ni con cuatro, se resolverá el problema. No lo digo yo, lo dicen los mismos que gritaban: “hay que reducir” y ahora dicen, por las notables ausencias: “hay que aumentar”.

Ojalá esas lágrimas conmuevan y nos busquemos mejores métodos, más allá de una estructura que no complace a millones y deja a muchos, cabizbajos, en la otra orilla, sin cruzar el río.

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