Fotos: Ernesto Romero Alba
Fotos: Ernesto Romero Alba

Ya han pasado alrededor de dos meses del paso arrollador del huracán Matthew por el Oriente cubano, y poco a poco su nombre ya empieza a relegarse al pasado, pero aún se mantienen las labores de reconstrucción en los territorios afectados.

Matthew, pese a los destrozos, solo ha servido para confirmar la importancia de la unidad, uno de los mayores legados que nos hiciera el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Cuba entera se ha volcado hacia Guantánamo y Holguín para apoyar en la recuperación, validando los principios altruistas y humanistas característicos de los nacidos en la mayor de las Antillas, quienes comparten el dolor por la destrucción y se esfuerzan por devolverle la belleza a esos parajes abatidos por la fuerza descomunal de la madre Natura.

Y mientras me alegro por el apoyo y la hermandad tejidas en los momentos difíciles, pienso tristemente en algunas miserias humanas de nuestra cotidianidad, las cuales dan muestra del más detestable individualismo, ese que hace pensar que compartir nos empobrece y que solo importamos nosotros.

Todos en algún momento de la existencia necesitamos una mano amiga, no importa cuán ricos, talentosos o dichosos seamos, porque no en balde la vida le ha demostrado al hombre que solo se puede vivir, pero es mucho mejor si se hace en colectivo o en sociedad.

Por eso lamento ver a unos negando a otros lo que tienen, a veces en demasía, como si algún día no necesitáramos llamar al vecino para alguna ayuda. Cuántos olvidan la certeza de esta frase: “El vecino más cercano es tu hermano”.

Pero cuanta alegría me produce ver a otros compartiendo lo mucho o lo poco, con total desapego, porque saben cuán bello es servir a los demás y ser útil.

En momentos como esos pienso en la veracidad de las estrofas de Silvio Rodríguez: Con un poco de amor/

tanto me enriquecí/que gastaba y siempre quedaba/ mi poco de amor.

Entonces me lleno de aliento por esas letras y frases salvadoras de lo mejor del ser humano, y por esos sentimientos y acciones presentes hoy en lugares como Baracoa, donde el compañerismo y la unión han sido más fuertes que los vientos huracanados de Matthew.

Los momentos trágicos de alguna forma traen grandes enseñanzas, y es lamentable que sea necesario enfrentar una tragedia para convencernos de cuán importante es la cooperación, el amor y la ayuda mutua.

Mi mayor deseo es que algunos equivocados no precisen de una desgracia para convencerse de cuanta verdad encierra este adagio: “Caminando solos se llega primero, pero caminando juntos se llega más lejos”.

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