Mediano de estatura, ágil y de rostro melancólico, lo puedes encontrar donde alguien se queje de dolor, tenga una herida o necesite cuidados de urgencia en el cuerpo de guardia del policlínico 13 de marzo de Bayamo, capital de la sur oriental provincia de Granma.

El Licenciado en Enfermería Bernardo Matos Saborit es el hombre orquesta del departamento. Sus  responsabilidades son  suturar y curar heridas, y  realizar electrocardiogramas, pero lo mismo toma la tensión arterial, inyecta medicamentos y amablemente ofrece un consejo.

Dialoga con los pacientes para explicar el funcionamiento del departamento, sobretodo en las mañanas cuando el cuerpo de guardia recibe mayor cantidad de personas y sube la curva de la ansiedad por la demanda asistencial.

Es alivio en frases certeras, llenas de ternura. Por eso es uno de los más buscados entre enfermeras y enfermeros cuando de un proceder invasivo se trata.

El objetivo principal de Bernardo y el equipo de colegas, médicos, técnicos y auxiliares del cuerpo de guardia del policlínico 13 de marzo, es atender con excelencia a las centenas de personas que acuden a  recibir los diversos servicios médicos de lunes a sábados desde las 8:00 am  a 5:00 pm, entre consultas, laboratorio clínico, atención estomatológica de urgencia y otros recursos diagnósticos y de tratamiento en emergencias.

Nacido en Bayamo encontró en servir al prójimo la razón de su vida. Por décadas vivió en la capital de la isla, allí se hizo enfermero cuando la propia vida lo sacudió con sus ciclones. Había enfilado su formación hacia la medicina veterinaria, pero el fallecimiento de su madre, cuenta, lo hizo redireccionar la vocación hacia la medicina humana.

Por casi tres décadas trabajó como enfermero intensivista en el Instituto Nacional de Oncología, con un sistema de trabajo mucho mas intenso, subraya, donde el de enfermería es un personal preparado para tomar decisiones según las normas.

La atención primaria de salud tiene otras características, enfatiza, pero en esencia allá como acá le satisface ayudar. Para ser enfermero dice que lo primero es vocación, luego dedicación, sentir al paciente como la propia familia para atenuar el dolor, y sentido de pertenencia con el puesto de trabajo porque es una labor agotadora.

En cada jornada Bernardo atiende hasta 50 pacientes como promedio. Después de ocho horas en el policlínico, a petición de los familiares, visita varios pacientes encamados a los que cura fundamentalmente ulceras del pie diabético, escaras a adultos mayores y otros padecimientos que requieren atención diaria y es dificultoso trasladarlos a la institución.

Asegura que no admite otro agradecimiento que la curación de sus pacientes y la sonrisa de paz de los familiares aliviados ante el milagro. No importa si tiene que caminar hasta La Pedrera, Aeropuerto Viejo o los repartos Latinoamericano y Rosa La Bayamesa, distantes del área de salud donde deben atenderse más de 30 mil pacientes.

Para Bernardo la capacidad de trabajo no le disminuye, se ríe con picardía cuando pregunto la fórmula para lograr la fuerzas necesarias, camina con prisa, alguien le enseña   un pomo, que resulta  contiene café:  soy  su vecina, me dice la mujer que peina canas y se auxilia con bastón para andar, y agrega que cada día sobre las diez de la mañana se da una vuelta por el policlínico para traer un  buchito del tinto energizante al enfermero, al que considera su familia y con el deber de cuidarlo. Él nos cuida a todos, enfatiza y ya el aludido esta es esfigmomanómetro en mano tomando la tensión arterial a otra señora.

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