A veces hasta me critican porque me paso las horas en la PC.  Es lógico, para quienes nacimos justo a la mitad del siglo pasado, los que sabemos lo que es una hoja de papel, un lápiz, una máquina de escribir, los que vimos los viejos teléfonos de magneto , estrenamos la televisión en blanco y negro , esperábamos al cartero en la puerta de la casa, y nos acostumbramos al libro de papel, la avalancha tecnológica resulta como uno de esos aguaceros de verano, donde uno se mete por el calor y termina con un resfriado.

Sin embargo, no hay otra opción. Muchos hemos aceptado el reto y hay unas cuantas manitas con experiencia picoteando por ahí, luchando con los celulares, ajustándose los espejuelos y vociferando en las zonas de WIFI: me ves!?… me ves ahora!? Y  en eso se les van los casi dos CUC que cuesta como mínimo la conexión.

Hasta sus anécdotas graciosas hay,  porque el familiar que está del otro lado -que por cierto se ve como si estuviera debajo del agua – ( así mismo nos veremos nosotros ) quiere saber cómo se siente la persona de acá y la otra tarde oí a una viejecita gritar a pleno pulmón: amicacina!! Amicacina!! Refiriéndose a un antibiótico que estaba tomando.

Porque los viejos señores míos, a veces no sabemos de esas cosas, de micrófonos y otras verdades incuestionables que por momentos nos apabullan y eso que no creo que alguno de nuestra tercera edad se haya puesto a pensar… ¿y cómo es esto? lo mejor es aceptarlo, picotear, seguir a grito pela´o en medio de la calle….me ves ahora!? y unirnos nosotros también, los que nacimos en plena mitad del siglo pasado, los que vimos nacer la televisión en blanco y negro, los que esperábamos al cartero en la puerta de la casa, los que nos acostumbramos al libro de papel, a este aguacero de verano, imponente, revelador, a veces un poco descosido, apabullante, indiscreto y la mayoría de las veces carente de privacidad, aunque nos pesque un resfriado.

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