Cuba significa esperanza en casi todos los dialectos que se hablan en el continente africano. Hasta donde han llegado las manos de los hijos del Caribe, la colaboración médica impuso la solidaridad como regla principal, y la vida humana en el centro del quehacer económico y social.

No importa cuan complicado pueda ser la lengua materna de africanos ni con cuanta maña hablen el inglés o el portugués, los cubanos se las arreglan para aprender, irremediablemente son dueños del idioma de la comprensión y la sensibilidad humanas.

En Gambia, pequeño país del África Occidental, rodeado enteramente por Senegal, la colaboración médica cubana tiene ya 20 años. En  la actualidad la brigada caribeña la integran más de 130 galenos diseminados en centros de salud y hospitales a lo largo y estrecho  de la geografía gambiana.

La doctora María Sol Rosales Villarreal, especialista en Primer Grado en Ginecología y Obstetricia con más de 30 años de graduada, trabajadora del policlínico comunitario 13 de marzo, de Bayamo, capital de la suroriental provincia de Granma, Cuba; se desempeña en el Suleiman Junkung de Bwian desde hace dos años.

Expresa María Sol que en 20 años de ayuda solidaria de Cuba a Gambia,  se pueden hablar de grandes cambios en la salud de ese pueblo. Con uno de los índices de desarrollo humano más bajos del mundo, donde la mortalidad materna e infantil es incalculable aún, dados los subregistros y la frecuencia con que ocurren los nacimientos extra hospitalarios. Se palpan, no obstante fuertes frenos culturales aún, visibles adelantos.

Hace 17 años la Gambia solo tenía 11 médicos por cada  cien mil habitantes, en una población que ronda los dos millones. Una realidad a la que los cubanos se adaptan revirtiendo los índices sanitarios con mucho esfuerzo.

Cuenta la doctora bayamesa, por estos días de vacaciones en su natal ciudad, que lleva cuatro años en total en Gambia, pero desde que está en el Suleiman Junkung de Bwian, a pesar de ser la única especialista en  ginecobstetricia solo reporta una muerte materna, porque la  paciente llegó con severas complicaciones hemorrágicas y padeciendo sida.

La doctora Rosales Villarreal expresa con orgullo que dentro de las salas que atiende, tampoco ha tenido que lamentar en esta institución muertes neonatales.

El trabajo es intenso, comenta, ofrece consultas lo mismo de ginecología que a mujeres embarazadas, realiza ultrasonidos diagnósticos, ocupa todo el turno quirúrgico, realiza la guardia médica localizable las 24 horas de cada día y aún le queda tiempo para dar charlas a las embarazadas, madres con lactantes, preparar a las enfermeras y médicos gambianos en formación.

Donde ella está han disminuido las remisiones por complicaciones matero-infantil hacia Banjul, la capital, distante a 104  kilómetros. Aunque pesa mucho la (in)cultura de la población, donde no hay sistema de atención primario de salud, acuden a los centros hospitalarios ya cuando el parto es inminente o se presenta alguna complicación, casi siempre grave.

Enfrentar estas realidades y demostrar con la práctica clínica que se pueden salvar las madres y sus criaturas, le ha tomado muchas madrugadas de insomnio a la bayamesa y sus colegas. Hacía mucho tiempo en este hospital no había ginecobstetra que asistiera, ella es la esperanza de la región.

Al hospital de Bwian, de referencia nacional,  fluyen además pobladores de zonas rurales. Allí la doctora María Sol contribuye a la disminución la mortalidad infantil, la perinatal fundamentalmente, con el apoyo de los neonatólogos  cubanos ubicados en la capital de Gambia, donde único se presta ese servicio en todo el país.

Ahora la realidad se  va transformando, las mujeres gambianas confían en los médicos cubanos.  Especialistas que laboran  en lugares donde solo hubo enfermeras en las que descansa el mayor peso de la labor sanitaria autóctona.

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