La china llama a sus pacientes. / Foto: Diana Iglesias

Busco a Irma del Arco Solano, pero casi nadie puede responderme. En cambio, si digo: la china, enfermeras, médicos, técnicos, pacientes del policlínico de especialidades del Hospital Carlos Manuel de Céspedes de Bayamo pueden indicar hacia dónde se encuentra esta octogenaria enfermera que presta servicios en la institución hace más de 40 años.

Se me escapó en el primer párrafo algo referente a la edad biológica de la china, no es una indiscreción, solo para ilustrar las energías que aún tiene y la disposición de ponerse en función de la salud pública cubana en esta suroriental provincia de Granma.

No ofrece entrevistas, llevo años pidiéndole unas palabras, apenas murmura que no tiene tiempo, hay decenas de pacientes esperando por ella. Explica, acomoda, busca historias clínicas, apacigua ánimos, da esperanzas sin que asome aún el cansancio a su rosto. Es increíble.

La cámara es indiscreta y como ella se concentra en su labor puedo disparar el obturador una y otra vez. No me acerco mucho, no quiero que se moleste pero es inevitable esta vez conocer más de cerca a alguien tan especial que hemos visto varias generaciones de pacientes del Hospital Céspedes.

La Licenciada Norca Hernández Medina, jefa del servicio de enfermería de la citada unidad asistencial, refiere que en varias décadas de labor junto a “la seño” Irma del Arco, o la china, como prefieren todos llamarla por la fuerza del cariño; han servido para que el criterio definitivo acerca de ella sea sinónimo de laboriosidad.

Abunda Norca, que la china lo mismo asiste a trabajos voluntarios para limpiezas generales en el policlínico, que a la consulta donde haga falta para asistir al médico, sea cual sea la especialidad y en la planta que sea, ya que el edificio es alto y largas las escaleras. Las que sube y baja a diario muchas veces sin reflejar cansancio. Tiene un espíritu de trabajo increíble, resalta la jefa.

Destaca además la enfermera Doris Fonseca Fonseca, compañera de labor y junto a la china, de las más experimentadas de ese colectivo, que en la china se dan características muy especiales: es solidaria y excelente colega, si ella terminó la consulta y alguna esta abarrotada aún, pueden contar con Irma sin mandarla a buscar. Aparece en la puerta como si acabara de comenzar el día.

La china, incansable, baja y sube a diario las escaleras. / Foto: Diana Iglesias

Obrera de avanzada por muchos años de manera consecutiva, y muchos otros reconocimientos atesora esta inigualable mujer. Premios a la consagración de los que no le gusta hablar. Pero en su historia están cientos de horas voluntarias en la siembra de caña y la recogida de papa durante el fervor productivo de las últimas décadas del pasado siglo.

Cada día es de las primeras en llegar al policlínico, adjunto al principal hospital de la capital granmense, con responsabilidad asume cualquier tarea, en cualquier puesto de trabajo, aunque en los últimos años se le ha destinado la consulta de otorrinolaringología.

Es pequeña y va vestida de blanco impecable, le queda hermoso el traje de enfermera, lleva siempre pantalones. Inspira entre los pacientes respeto, lo veo una y otra vez cuando vendo al policlínico entre tantos que necesitamos reevaluaciones de tratamientos y turnos para otros procederes médicos.

Siempre la misma, sonríe, vuelve a bajar, sube cargada de papeles, los organiza, encuentra lo que buscan, explica a los que esperan una cirugía, las medidas preoperatorias, can su hablar pausado y claro infunde tranquilidad en padres y madres de inquietos niños.

¿Cuántos pacientes habrá atendido? ¿A cuántos médicos habrá servido de incansable compañera en infinitas consultas? La palabra retiro está prohibida por ahora en su vocabulario. Sigue siendo una de las últimas en irse cada día a su casa, y mañana, bien temprano, inalterablemente estará la china en su puesto de labor, erigiéndose como lo es ya, una leyenda, una mujer ejemplar en la asistencia de enfermería cubana.

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