Hoy no vengo a decirte “deja de fumar”. ¡Se ha dicho tanto!

Solo quiero que me respondas unas preguntas, más allá de este día marcado para tratar de evitar el humo del tabaco en este contaminado mundo.

¿Cuántas veces has prendido tu chimenea bucal delante de los niños?

¿No se te ha manchado la dentadura todavía?

¿Por qué te molestas cuando alguien te demanda que vayas con su telaraña blanca a otra parte?

¿Haces caso a los que te comentan: “te cansas porque fumas”?

¿Sabías que solo el 15 por ciento del humo resulta inhalado por ti, mientras que el 85 por ciento queda disperso en la atmósfera… y lo puede consumir cualquiera?

Sabías que ese “humo sobrante” posee hasta tres veces más nicotina y alquitrán, y cinco veces más monóxido de carbono, sustancias tóxicas del tabaco, cuya repercusión negativa en el organismo (junto a la nitrosamina y el benzopireno) es bien conocida?

¿Sabías que Cuba es el país latinoamericano cuyos niños están más expuestos al humo del tabaco y tú formas parte de esa negativa estadística?

¿Te han dicho que los no fumadores expuestos al humo durante una hora aspiran una cantidad equivalente a tres cigarrillos y que eso aumenta a un 30 por ciento el riesgo de sufrir una enfermedad coronaria y cáncer de pulmón?

¿Alguna vez obedecerás el cartel que te dice: No fumar?

Después que me contestes, una petición: mira a tu alrededor y acaso comprenderás mejor la vida.

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