Palabras clave: cultura, revolución, sierra maestra, escuela de arte Manuel Muñoz Cedeño

Muchas cosas insólitas te encuentras cuando caminas por regiones apartadas y de difícil acceso. Algunas son tristes, por la dureza de la vida, pero otras son muy gratificantes, como la de disfrutar en plena Sierra Maestra  la melodía que produce una flauta interpretada casi prodigiosamente por una niña de once años.

Yaniuris Angulo Marrero nació y vive en la montaña, de allí son sus dones musicales, esos que corren por el torrente sanguíneos y otros aprendidos de escuchar sinsontes, ruiseñores, pájaros carpinteros, arroyos saltarines y el canto del viento y la lluvia.

Cuando pudo decidir qué escuchar en el radio doméstico, sintonizaba música instrumental y con las palmas iba haciendo ritmos. La musicalidad a flor de piel se hizo sospechosa para el director de la escuela primaria Eugenio Cedeño Mojena donde cursó de primero a cuarto grado en aula multígrado.

De allá, de la Sierra Maestra, solicitaron que la niña hiciera los exámenes de aptitud para iniciar estudios en la escuela profesional de arte Manuel Muñoz Cedeño en Bayamo, y tanto fue el empeño que venció con éxito las pruebas y cursa el sexto grado y el segundo del instrumento.

Tocar la flauta es interpretar mi vida, me dice con seguridad. Lo que siento por mi familia lo expreso con el instrumento en mis manos,  le devuelvo a mis padres Yoney y Dunia Arelis todo el apoyo que me brindan, porque es muy duro estar tan lejos.

Sus padres la acompañan a menudo, hoy se presenta en el círculo social de Frío de Nagua. Yoney pleno de orgullo filma con un teléfono la pieza cuando Yaniuris interpreta El lago de los cisnes, es una de sus preferidas  y lo hace muy bien.

Estudia sin que la manden, quiere ser una gran concertista y está segura de que lo logrará, no importa que viva casi a más de 60 kilómetros de su escuela y que para llegar  a su casa o ir a la escuela,  camine más de 20 kilómetros por entre montañas o espere un camión especial con suficiente potencia para subir las empinadas cuestas.

Convencidos de que la Revolución  con toda la plenitud de la igualdad de derechos y oportunidades se refleja en su hija, Yoney regala la mejor sonrisa y posa junto a su pequeña música prodigio.

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