Esos pillos que andan por ahí

Estaba en la cola, cuando vi acercarse al hombre. Él enseñó un carné y se abrió paso entre la multitud, caminando con dificultad, mientras casi todos lo miramos con cierta compasión. Pero una vez que tuvo el cilindro lleno de gas licuado en sus hombros, pareció olvidarse de la dolencia y emprendió veloz retirada, mientras enseñaba una sonrisa.