Foto de archivo. / Autor: Rafael Martínez Arias

No es necesario correr la bola, es del conocimiento general, como algo subconsciente que se activa con las elevadas temperaturas de julio: los carnavales de Bayamo, este año del 4 al 7 de agosto, ya están en la mira de todos.

Son las fiestas tradicionales más esperadas del año. El cuerpo se suelta y navega en las piernas de bailarinas de carroza, o va detrás de las congas que cierran cada unidad del desfile. Se refresca en un cubano termo de cerveza o se degusta una sabrosa comida criolla.

Y son la comida y la cerveza por unos días los productos más abundantes en plena calle. Innumerables ofertas vienen del propio territorio y de otras provincias de la isla, con sus costumbres, su sello, lo que propicia el mayor encuentro cultural culinario que ocurre en solo cuatro días y queda en el recuerdo hasta el próximo año.

Un poco de distensión, de relajamiento también ocurre. Con los horarios porque se amanece bailando, bebiendo, comiendo. Pero ojo, cuidado con los excesos y la falta de control y disciplina social, eso no debe estar permitido en el carnaval.

Como ya es tradicional un fin de semana antes del rumbón mayor se celebran los carnavales infantiles. Entre el 28 y el 30 de julio serán este año en Bayamo. Derroche de magia y alegría en las piernas de niños y niñas, adolescentes danzantes por las principales arterias de la ciudad, ataviados con adornos de fantasía, relucientes, como diciendo, aquí va el futuro.

Tradicionalmente Bayamo recibe un mayor número de visitantes por estos días, incluso personas que vienen para regresar pasadas unas horas, cautivados por la música, el jolgorio, la felicidad que se puede respirar en medio de una fiesta que abarca calles, plazas y avenidas.

Además de los paseos de carrozas y comparsas, en los últimos años, siguiendo la tradición de los circos que van de aquí para allá, aparecen los gustados aparatos. Son equipos similares a los de los parques de diversiones, pero ambulantes, que hacen las delicias de niños y jovencitos y la angustia de padres porque dejan el bolsillo temblando.

Eso y más traen las fiestas. En la Ciudad Monumento coinciden con la celebración católica de San Salvador, el patrono de la urbe, católico, heredado de la tradición ibérica pero aún respetado y celebrado por los feligreses.

El patrón de Bayamo también tiene su historia. Los patriotas con Perucho Figueredo a la cabeza, en la madrugada del doce de enero de 1869, lo envolvieron en telas y lo enterraron en las afueras de la ciudad, camino a Santa Isabel para protegerlo de las llamas con la quema de la ciudad que se produciría en unas horas más tarde.

Los carnavales tienen en el orbe más de cinco siglos de historia, en tanto celebración pública que se hacía de manera inmediata antes de la cuaresma en los pueblos cristianos. Vino con la Niña, la Pinta y la Santa María de Colón y se quedó entre los cubanos que lo hacemos muy a lo nuestro.

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