La provincia de Granma ocupa un lugar perpetuo en los anaqueles de la Historia patria. Allí descansan las memorias de los primeros pobladores que como el Cacique Hatuey se rebelaron contra el conquistador, se escuchó la clarinada mambisa que patentizó los principios de un pueblo libre e independiente y devino escenario de la última etapa de la lucha guerrillera en la Sierra Maestra.

Archivo / Captura de video

La espesura de la Sierra Maestra arropó a un ejército de jóvenes que bajos preceptos martianos fundaron la revolución de enero. Pero antes de la victoria final sobrevendrían tiempos decisorios para el futuro del país.

“Una vez derrotadas las fuerzas de la tiranía de la campaña del verano de 1958, las columnas del Ejército Rebelde invadirían el territorio nacional. Ya desde junio, Fidel, a través de Radio Rebelde, estaba manifestando esta singular estrategia para alcanzar el poder político y derrotar definitivamente la tiranía de Batista”, precisó Aldo Daniel Naranjo, presidente de la Unión de Historiadores en Granma.

Como preclaro estratega militar Fidel concibe la idea de conducir una columna invasora desde la Sierra Maestra hasta Pinar del Río. Esta misión fue confiada al Comandante Camilo Cienfuegos. El avance de la fuerza guerrillera que se honró con el nombre del General Antonio Maceo, era esencial para extender la lucha hasta la Sierra de los Órganos.

En tanto, otra columna nacía bajo las órdenes del Comandante Ernesto Che Guevara para ocupar posiciones estratégicas en las Villas.

Al respecto refirió Aldo Daniel Naranjo: “Fidel acudió a uno de sus lugartenientes de la Sierra Maestra, al Comandante Ernesto Che Guevara, que había demostrado en toda la campaña militar una extraordinaria capacidad para dirigir agrupaciones numerosas.La misión no solo reeditaba las invasiones del Siglo XIX, sino que otorgaba la posibilidad a dos de sus más capacitados jefes de lucirse para desarrollar una campaña en Las Villas y otra en Pinar del Río.”

Cuando se oficializa, en 1958, la decisión de conformar estas avanzadas, militares de todas las posiciones se disputaban en integrarlas. Sabían de su riesgo y aun así la consideraban una oportunidad honrosa la que otorgaba el líder revolucionario Fidel.

Granma volvía a ser escenario de una de las contiendas que acrisolaba la patria e indicaba el camino hacia la libertad plena. Con la invasión a occidente Camilo y Ernesto no solo asumieron la hazaña, sino que como valederos hermanos de convicción, empeñaban una vez más sus vidas por el triunfo definitivo de la Isla.

 

 

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