Órgano Infantil Las Serranitas del Turquino. / Foto de archivo

Suenan los acordes molidos de un órgano que trae la nostalgia de sus antecesores hace ya varios siglos en Cuba, arraigados como si fuesen nacidos en la isla. Poco a poco se van acercando curiosos, no se atreven a bailar aún, pero los cuerpos tienen un vaivén inconsciente que los une.

Lo más notorio de esta fiesta es que la música la producen unas niñas y adolescentes cuyos rostros no tienen aún la sonrisa helada de las artistas profesionales que posan para la cámara. Si ríen, la muestra de las piezas óseas nacaradas es con total sinceridad.

Se llaman Las Serranitas del Turquino y responden a los accidentes geográficos que las envuelven, llenos de mitos, historias y luchas campesinas por la emancipación primero del hombre como ser humano y luego de lo femenino como género.

Cuenta Alejandro Ramos Pérez, septuagenario músico de órgano, que en noviembre de 2015 las niñas tocaron por primera vez en público y que la sensación fue tal que ya no hay una fiesta popular, una semana de cultura en los barrios de Guisa que las ausente de los programas.

Incluso han visitado otros municipios y animado con sus ritmos cubanos otras fiestas tan importantes como la de la Cubanía que se celebra cada octubre en Bayamo.

Integrantes de Las Serranitas junto al profesor Yunier. / Foto: Diana Iglesias

Aunque reconoce no hay tradición organillera en el municipio, hace varios lustros se compró un órgano y luego surgió la idea de combinar espectáculos y futuro animando a niños y niñas a tomar la batería, el cencerro, el guayo, las maracas y el moledor de melodías.

No aparecieron muchos peros ni tabúes, estamos en el siglo XXI y ya las mujeres hacen de todo en esta sociedad, son dueñas. Dice Alejandro convencido de que Las serranitas llegaron para quedarse.

Daniela y Daliena Carrazana Martínez, hicieron del organito un asunto familiar, y aspiran a llegar a ser grandes músicas después de esta experiencia. Delante o detrás del escenario, según se pueda, Yurianna Martínez, la progenitora de ambas las deja para la posteridad en instantáneas o videos con el teléfono celular, el orgullo de que sus hijas estén en esta singular agrupación no la deja ni mirar a los costados.

Fue difícil y lo es todavía, nos cuenta Ramos Pérez, pues no hay una escuela formadora de organilleros en esta provincia y las muchachas se forman con los instrumentos en la mano a fuerza de ensayos y ensayos en la sede del órgano El serranito, de adultos, o en la casa de cultura Olga Alonso.

Para Yakelín Leyva Hernández, subdirectora de esa institución artística del municipio Guisa, es vital el apoyo a estos conjuntos, muy necesarios en el panorama cultural de la localidad, ya que se interpreta música cubana y campesina, la que prevalece en el gusto de la gente y hace frente a la avalancha de ritmos de mal gusto que rondan por doquier.

La manivela vuelve en su rutina circular una y otra vez, la mano firme de Daniela que solo tiene once años la conduce. Los curiosos han perdido la pena y mueven las piernas al compás del ritmo, los más atrevidos buscan pareja.

Dentro de unos días la música de órganos será declarada patrimonio inmaterial de la cultura cubana y los guiseros tendrán el orgullo de enfilar entre sus artistas a organilleros de distintas edades y géneros.

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