Foto: Caridad Rosales.

David, vivía solo,  sus ataques de asmas  eran cada vez más frecuentes  y más intensos.  Apenas se alimentaba  y muchas veces  el plato de comida se lo daba una vecina. Pensaba que la vida no tenía sentido, estaba triste, deprimido, sin ninguna motivación para seguir adelante.

Fue después de varios días de estar  hospitalizado que  el médico de familia de su área, conversó con él y le propuso  hacerle la solicitud  para el ingreso a la casa de abuelo General José Reyes Arencibia de Jiguaní.

Desde entonces una  bella casa, con un amplio patio, lo acoge  cada mañana a partir de las 7 y 30, para compartir  hasta  las 5 y 30 de la tarde  con otros   24 abuelitos  y recibir la atención esmerada de 7 trabajadores.

Historia como la de David, se repiten entre los abuelitos, otros   están allí porque sus hijos trabajan y  no pueden atenderlos  durante el día.

Hoy sus vecinos, al verlo llegar cada tarde,  comentan  el  cambio  del anciano tanto  físico  como  espiritualmente,  se le ve alegre, con deseos  de vivir, siempre   pensando en  la  partida de dominó del otro día, o de la caminata  que  harán junto a la trabajadora social , Vivian  Kile Fajardo, y que de paso los llevará hasta una institución cultural del municipio.

Foto: Caridad Rosales.

También David comenta  a sus vecinos  de los preparativos para el cumpleaños colectivo del mes, piensa regalarle algo  a su mejor amigo Ricardo, que con 80 años, recuerda sus primeros amores,  y hace entretenidos los ejercicios matutinos.

Yuzel Vázquez Quezada, administrador de la casa, dice que no resulta fácil  el trabajo con los abuelos, hay que saber  entenderlos para que ellos  se sientan  mejor que en su propio hogar.

Para eso, comenta Yuzel,  hay que tenerlos siempre  ocupados en lo que les gusta, unos jugando dominó, otros cociendo,  escogiendo el arroz, pelando las especias  o fregando la vajilla. Tambien leen el periódico  y ven la televisión.

La casa  del abuelo General José Reyes Arencibia, de Jiguaní, tiene doce años de fundada, y recientemente se le hizo una reparación capital.

Lo acogedor del local,  la ternura en el trato, el cuidado de la alimentación, el afán en las opciones de distracción y compañía;  hace  que los abuelitos  se sientan felices y que sea una opción más para  las personas de la tercera edad, pues Jiguaní es el municipio más envejecido de la provincia de  Granma.

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