Glenys Kamila tiene el nombre del agradecimiento. Se llamaría diferente, pero no sería la misma historia que hizo llorar a la doctora Glenys jefa del servicio de Perinatología del Hospital Provincial Carlos Manuel de Céspedes de Bayamo y a muchas otras personas testigos de la devoción con que esta joven atiende a cada una de sus pacientes.

Al iniciar las últimas 10  semanas del embarazo a  la gestante Yenia Rojas se le detectan problemas con el crecimiento intrauterino de la bebé concebida con amor, en una familia donde están además Marcos de doce años y Vivianne de 7.

El ingreso y con un severo régimen de exámenes, alimentación y otros cuidados, generan un poco de ansiedad y angustia por no estar con todos los familiares en el hogar, en especial los niños que dependen de la mamá, pero todos están concentrados en la beba que vendrá.

Y es la doctora Glenys el pilar fundamental donde se articula este entramado, donde intervienen numerosas enfermeras, técnicos y otros galenos y doctoras. Su amor y la alta responsabilidad desplegada tienen sus  frutos.

A los dos meses de edad la bebé Glenys Kamila con su papá, mamá y hermanos.

La sala de Perinatología es para ingresar a pacientes con diversos riesgos gestacionales, algunos maternos y otros fetales que pueden comprometer la vida de la dupla materno infantil o de uno de ellos, casi siempre el producto de la concepción, por lo que no se escatiman recursos para llegar a feliz término del embarazo.

Si bien se dispone de sofisticados métodos diagnósticos, lo más valioso del servicio es el personal y su calidad humana, asegura Yenia Rojas y su familia concuerda con el criterio.

Glenys Kamila nació el 20 de julio de 2018 a las 35 semanas de gestación, después de días  de insomnio de sus abuelos, papá, hermanos y la incertidumbre de su mamá, convertida en esperanza por las palabras de apoyo y el accionar oportuno de la doctora Glenys y su equipo.

El peso al nacer de 1580 gramos hizo que la bebé permaneciera en cuidados especiales para prematuros 20 días y luego otros 22 en la sala piel a piel junto a su mamá, ya recuperada de la cesárea, método elegido para no aumentar el sufrimiento fetal y agilizar el nacimiento.

Ya en casa y con más de 3200 gramos de peso corporal, la pequeña recibe a diario el afecto de sus padres, abuelos, hermanos, otros familiares, amigos y vecinos que también desearon saliera exitosa a la vida. Es aún muy menuda, pero ya sonríe y reconoce a los más cercanos, algún día reconocerá también  entre muchas mujeres a la doctora Glenys, especialista en Ginecobstetricia que contribuyó, desde la vida intraútero, a que esa sonrisa se ensanche y se mantenga.

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