Yaimara en su casa y Punto de leche refrigerado de la CCS Sabino Pupo de Palmarito en Jiguaní. / CNCTV

Ella sorprende al amanecer cada día, los siete que tiene cada semana, invariablemente, haga frìo o calor, dispuesta a comenzar una jornada laboral que requiere precisión, rapidez y justeza para tomar decisiones oportunas en el punto refrigerado de leche de la Cooperativa de Créditos y Servicios Sabino Pupo Millán de Palmarito en Jiguaní.

Es técnica de laboratorio avalada por un curso que la preparó para hacer cuatro pruebas a la leche que cada uno de los 74 productores tributan a diario. Si multiplicas, además de las que hace el carro de la recogida del producto son cientos de exámenes en los que errar significa dinero, tiempo, sacrificio y respeto por ella misma y los demás.

Es la única que atiende el punto de acopio del líquido alimentario vacuno, lo hace desde hace un lustro, señala que es una gran oportunidad, pues en Palmarito, comunidad distante una veintena de kilómetros de Jiguaní, cabecera municipal del mismo nombre, el trabajo para las mujeres es escaso, a no ser en  la agricultura.

Más de tres mil 150 litros de leche acopia cada día la pequeña joven, se mueve ágil entre su hogar que deja cada día a las cinco de la mañana, después de preparar el desayuno, para atender bien temprano a los que primero llegan, algunos desde varios kilómetros atravesando caminos áridos, polvorientos e irregulares.

En tiempo de sequía, cerca de seis meses al año desde noviembre hasta mayo el comportamiento del acopio no es igual, disminuye, me dice y un halo de tristeza se posa en su rostro. Jiguaní es uno de los municipios más secos de Granma, la vegetación arbustiva y espinosa en derredor, el tipo de suelo calizo y pedregoso complementan lo que dice la joven.

Es agotador, pero en pocas horas se atiende a todos los productores, me cuenta, lo primero es la prueba visual para las partículas, se cuela la leche en grandes filtros, luego el examen de densidad para medir el aguado, nadie se puede pasar de listo aquí, ella los conoce bien a todos, además disminuiría la calidad del total del acopio y el prestigio de la cooperativa y de ella misma.

Después viene el examen para saber si alguna ubre está enferma y algún inconsciente ordeñó así mismo, diestra mezcla los mililitros de leche en el producto para ese fin y da una conclusión. Por último la prueba del alcohol, como ella la llama, es para detectar el ph del líquido, si está ácido no la compra y evita la contaminación del resto acopiado.

Con firmeza, si alguna de las pruebas da positiva le indica al productor que no comprará la leche, expone los argumentos y refiere no tener muchos problemas pues ya conocen los productores los requisitos. Además de no recolectar leche después de las 8 de la mañana, pues dista mucho tiempo de la primera recogida y el calor del día hacen variar las características de la leche.

Para la conservación usan el estabilac, producto que le facilita la Empresa Láctea, además de contar con varios termos de 500 litros y otro de reserva por si aumenta el acopio. Lamenta que uno de los termos perdió la capacidad refrigerante y aún no han venido a revisarlo, esperanzada manifiesta que cuando este mes la Cooperativa reciba el cheque de la Empresa Láctea, convocan a la Planta 26 de julio, colectivo que se encarga de reparar dichos termos.

Convencida de la importancia de velar por la calidad del producto, que tiene como destino la industria bayamesa para elaborar leche fluida pasteurizada y otros derivados, la joven muestra el orgullo de pertenecer al sector agropecuario.

Para el sostén de la familia, aunque son ella y su esposo, y el salario fluctúa entre 500 y 600 pesos al mes, refiere que siembra ella misma algunas hortalizas como el ají, del que hace puré cuando no tiene buena venta al natural, así como viandas y maíz, en menos de una hectárea de terreno, con la que alimenta algunos ovejos, pavos y gallinas que garantizan el alimento familiar y apoyan la economía doméstica.

 

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