Monumento en la loma Braulio Coroneaux en Guisa
Monumento en la loma Braulio Coroneaux en Guisa

Para noviembre de 1958, el ejército de la dictadura de Batista había sido derrotado en su llamada ofensiva de verano  por las fuerzas rebeldes  y sus operaciones se limitaron principalmente  a hacerse fuertes en las ciudades importantes desde sus cuarteles y posiciones fortificadas. Esperaban que con el  gran poder de fuego  y  el apoyo de la aviación podrían  frenar la Ofensiva Final del Ejército Rebelde.

Pero con el inicio de la Batalla de Guisa comenzó el principio del fin de esa esperanza de los desmoralizados militares del régimen de Fulgencio Batista.

El 20 de noviembre fuerzas del Ejército Rebelde, dirigidas personalmente por el Comandante en Jefe Fidel Castro, se aprestaban a tomar la ciudad de Guisa, que cerraría  el cerco a  Santiago de Cuba e incidiría en la inminente derrota de las fuerzas de la dictadura en toda la región oriental.

Las fuerzas revolucionarias aceptaron el reto de enfrentar al ejército en una guerra de posiciones. Alrededor de 180 guerrilleros, incluyendo una escuadra femenina del Pelotón Las Marianas, lucharon con gran coraje y derrotaron a cinco mil soldados apoyados por la aviación, tanques y artillería.
En el combate cayó gloriosamente el capitán rebelde Braulio Coroneaux defendiendo su trinchera con su ametralladora 50  en una elevación conocida como Loma del Martillo, situada en una posición estratégica que dominaba la entrada y salida principal a Guisa, por donde no pudieron pasar los tanques enemigos, como le prometió el oficial rebelde a Fidel.

La batalla se inició el propio día 20 de noviembre de 1958, con el fuego certero de Coroneaux contra una patrulla de exploración de las tropas cercadas que transitaba hacia Bayamo y que dejó varios muertos en la carretera y tuvo  que retirarse hacia el pueblo.

Fidel tenía una gran confianza en Braulio Coroneaux por la valentía, seguridad en sí mismo y  gran habilidad y precisión para manejar las ametralladoras, a tal extremo de que en medio del nutrido fuego de un combate  podía reconocer, entre todas, el arma del combatiente por sus
disparos característicos y decía con alegría: “Ese es Coroneaux”.

Sin  embargo, aquel combatiente de 28 años, de origen humilde, de lo único de que se arrepentía de su pasado era haberse alistado en el ejército de la tiranía, en el cual llegó al grado de sargento y combatió contra los atacantes al Cuartel Moncada el 26 de Julio de 1953, cuando era uno de los responsables de la defensa de la fortaleza.

Pero Coroneaux  en la madrugada de ese día de la Santa Ana, a riesgo de su vida, se negó a participar en los asesinatos de los revolucionarios y no ocultó su condena a aquellos crímenes por lo que poco después el jefe de la fortaleza lo acusó de un falso hecho delictivo y fue  condenado a prisión en la cárcel de Boniato, de donde se fugó junto a otros combatientes el 30 de noviembre de 1956 durante el alzamiento de Santiago de Cuba y se unió  posteriormente al Ejército Rebelde.

El último combate lo libró el 27 de noviembre rechazando uno de los intentos finales del ejército por romper el cerco cuando un disparo de un tanque Sherman impactó en su trinchera y lo mató instantáneamente junto a otros dos compañeros.

Años después, el combatiente Luis Más Martín recordaría: “Un mensajero trajo la noticia hasta Fidel… ‘Un Sherman mató a Coroneaux’, me dijo cuando me acerqué a su lado. En su rostro se reflejaba el dolor de haber perdido a un ser muy querido”.
Fidel  lo ascendió póstumamente al grado de Comandante y hoy, la loma que defendiera al precio de la vida ostenta su nombre.

Durante 10 días el Ejército Rebelde impidió uno tras otro casi todos los intentos de las columnas del ejército batistiano, apoyadas por la aviación y tanques que intentaron romper el cerco para reforzar a las fuerzas sitiadas combinando la utilización de minas.

Los revolucionarios resistieron incluso el bombardeo ininterrumpido de decenas de aviones B-26.

El 30 de noviembre cuando los barbudos rechazaron el último intento de las fuerzas batistianas de reforzar la guarnición de Guisa, la desmoralización se generalizó entre las fuerzas cercadas y los soldados huyeron, dejando tras de sí gran cantidad de armas y parque ante el avance de los rebeldes.

Los soldados batistianos tuvieron  cerca de 200 bajas entre muertos y heridos, les fueron ocupados  14 camiones, un tanque y  gran cantidad de municiones y pertrechos de todo tipo que permitieron armar nuevas unidades rebeldes para culminar la campaña de liberar toda la región
oriental.

La victoria de Guisa fue esencial en la estrategia del Ejército Rebelde, que demostró la imposibilidad del enemigo para enfrentarse con éxito a los revolucionarios.

Mientras, en el llano a pesar de la superioridad militar en armamentos, se demostraría también el arrojo de los revolucionarios en los combates victoriosos de las fuerzas de Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos en la región central de la Isla.

Faltaba solo un mes para el triunfo definitivo del Primero de Enero de 1959.

 

Por Jorge Wejebe Cobo

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