Foto: Rafael Martínez Arias.

La Feria Agropecuaria Granma 2018 es un jolgorio arrasador que durante ocho días mueve a miles de granmenses hacia el Parque Ferial de Bayamo, ese recinto inmenso que se llena de alborozo cada fin de año para el divertimiento de toda la familia.

Y nada de repetirse, porque aunque la propuesta se sustenta en actividades propia de la agreste vida con el ganado, existe bajo esta textura toda una cultura que se trasmite por generaciones, desde la manera de decir hasta en la forma de criar, vestir y mirar a cada una de las valiosas piezas que traen para exhibir.

El rodeo, el juzgamiento de ganado vacuno y menor, la subasta de ganado, las carreras de caballos, la lidia de gallos y habilidades de las Escaramuzas desatan todo tipo de pasiones.

Eso a la par de un sinnúmero de conferencias que tienen que ver este año con la Tarea Vida, Herramientas para una agenda común, que presentó la Asociación Cubana de Producción Animal; la referida a la No violencia contra las mujeres y las niñas; otra referida a Género y Energía Renovable, para abordar programas y proyectos en la Cuenca del Cauto, así como una actualización sobre la producción porcina.

Diversidad de asuntos que no solo atrae a exponentes, sino a público interesado que llega hasta el recinto ferial para disfrutar de la diversión del programa y para asumir conocimientos implícitos en este tipo de evento, que le dan cientificidad al encuentro anual en Bayamo de criadores y productores de alta talla en el país.

Claro está que la oferta este año es variada y numerosa, para referirnos a lo gastronómico.

Desde el jugoso tamal, la fritura de maíz tierno, los cócteles de pescados y mariscos, los pollos humeantes en el asador rustico, y los cerdos dorados que se vuelven picaditos en las manos expertas de los meseros para hacer bocadillos apetitosos y chorreantes de la grasa aromada que destila.

Las bebidas no faltan, más son las cervezas las que más demanda tienen, porque aunque la fronda es magnífica, no deja de haber calor intenso de tanto deambular de un sitio a otro, en el bullicio del rodeo, o bailando al son de las agrupaciones de turno en la jornada.

También diversos artículos del mercado general, eventos culturales, deportivos, espectáculo para los niños, reconocimientos, estimulaciones, premiaciones, están igualmente en el programa.

No se puede imaginar usted otro ambiente que no sea fragoroso, de los que se vuelven a encontrar desde el año pasado ausentes; los que son arrastrados por los niños que quieren dar un paseo en ponis, o de los que se retratan con los animales de exposición para llevar el testimonio de que estuvieron junto a ellos.

No hay nada que detenga a ese movimiento humano que se transforma, grita, alborota, baila, camina, compra, come, bebe, aplaude , chifla, hace cuentos, narra historias, se abraza y deambula hasta casi desmayar en este calor del trópico que aún en noviembre no cesa.

Claro está que no todos los días son los mismos. Llegan por oleadas y en horarios diversos, y cuando concluye una de las presentaciones, bajan del graderío jadeantes y emocionados, por haber visto a los que mejor enlazan un ternero, a los que con pericia guían su caballo de trabajo, a los que con camisa a cuadros, cinturón de cuero, pantalones de mezclillas, botines, espuelas y sombrero tejano, son la tipicidad del espectáculo. Ellos son los vaqueros, y nosotros, espectadores admirados de tanto entrenamiento y tanto tensón para darnos una inigualable distracción.

La Feria Agropecuaria en Bayamo tiene larga data, hay muchas historias que las narran, sobre todo la tradición ganadera que rodea a los pueblos de la llanura del Cauto, dicen que fueron buenas. Pero las actuales son las nuestras y todos las queremos disfrutar.

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