Dilma Rousseff, comentó la necesidad de conciliar optimismo y pesimismo para construir una oposición capaz de enfrentarse a la extrema derecha.

Con la ascensión de la extrema derecha tras la elección de Jair Bolsonaro, las fuerzas progresistas en Brasil necesitan reorganizarse y buscar valores en común para frenar hoy los retrocesos, afirmó la expresidenta Dilma Rousseff.

En una entrevista concedida al portal Brasil de Fato, Roussef comentó la necesidad de conciliar optimismo y pesimismo para construir una oposición capaz de enfrentarse a la extrema derecha.

Indicó que la lucha por la tierra y la vivienda son las dos grandes batallas en Brasil, porque tratan de la distribución de riquezas.

Cuando se habla de repartición es, primero, el patrimonio, que es la tierra y la vivienda, jubilación y educación de calidad, estimó.

Reconoció que «no seremos una nación desarrollada si no tenemos la capacidad de encarar esto. Y eso depende de una serie de acciones, como por ejemplo, la reforma tributaria».

Una tributación ultraconcentradora de ingresos como la nuestra es inviable, porque alguien va a tener que financiar. Y ahí entra el problema de las ganancias de capital, que en Brasil son intocables, argumentó.

Otra cuestión sería, prosiguió, el hecho de que hay una brutal concentración de renta y riquezas en manos del sector financiero en nuestro país, como en el mundo entero.

Consideró que resulta una cuestión esencial, porque también es la base de una mayor democratización de nuestra sociedad. «De lo contrario, vamos a quedarnos en lo que estamos. Usted avanza un poco, ellos vienen y quitan lo que usted avanzó».

Acerca del combate contra el próximo gobierno, comentó que «la alegría es la forma básica de resistencia. Un gran luchador de gran valor tiene que tener la certeza, la esperanza y la fuerza para la lucha».

Hizo referencia a la fraternidad entre los movimientos progresistas y rechazó esa sociedad extremadamente competitiva e individualista.

Queremos la cooperación, los valores que nos han transformado en gente. Porque no nos convertimos en gente por la competición feroz, sino cuando empezamos a cooperar. Y esa fraternidad es lo que se tiene en los movimientos, subrayó.

 

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