Foto: Luis Carlos Palacios Leyva

Bayamo es ciudad antigua, sitio de acendradas tradiciones nacidas al calor fundacional de nuestra cubanía; aquí, en el sur oriente de Cuba,  se vivió de manera intensa durante la segunda mitad del siglo XIX cuando artes, filosofía, cultura y sociedad se juntaban en pos de comunes anhelos.  En ese contexto nació La Bayamesa.

¿No te acuerdas gentil bayamesa,
Que tú fuiste mi sol refulgente
Y risueño en tu lánguida frente
blando beso imprimí con ardor?

¿No te acuerdas que en un tiempo dichoso
Me extasié con tu pura belleza,
Y en tu seno doblé mi cabeza
Moribundo de dicha y amor?

Ven y asoma a tu reja sonriendo;
Ven y escucha amorosa mi canto;
Ven, no duermas acude a mi llanto;
Pon alivio a mi negro dolor.

Recordando las glorias pasadas
Disipemos, mi bien, las tristezas;
Y doblemos los dos la cabeza
moribundos de dicha y amor.

Cuentan en la Ciudad Monumento que en aquel marzo lejano al salir del teatro La Filarmónica un grupo de jóvenes conversaban animadamente; uno de ellos, Francisco del Castillo, pidió entonces a sus amigos Carlos Manuel de Céspedes y José Fornaris le ayudasen a resolver cierto entuerto de amor con su esposa Luz… pero quería algo nuevo, ¨bien bayamés¨, que trascendiera y causara admiración en todo el que la escuchara.

Quedó pactado el compromiso; muy pronto ofrecerían inolvidable serenata en la calle de El Salvador, ante la ventana de  María Luz Vázquez y Moreno; para sumarle atractivos al hecho invitaron al reconocido tenor Carlos Pérez.

La canción, escribió el musicólogo Odilio Urfé,  «posee una extraordinaria originalidad,  hondo sentido humanista e inicia la liberación melódica de los patrones estéticos italianos en nuestro país, que estaba permeado por canciones y tonadas de entonces».

Era el 27 de marzo de 1851 cuando en el Bayamo fecundo nacía la primera obra romántica del pentagrama cubano. No imaginaban entonces aquellos hombres que su creación trascendería tiempo y modismos para convertirse en símbolo y orgullo de esta localidad y su gente, hito de la historia musical y patriótica del país.

La Bayamesa, sentenció el intelectual cubano Alejo Carpentier, «estaba destinada a transformarse, al calor de los acontecimientos, en canción patriótica clave. Y era lógico: las estrofas que se dirigían, antes de la revolución del 68, a una “gentil bayamesa”, cobrarían inesperado valor años después por alusión subentendida a los años en que Bayamo se había visto libre de la dominación española»

Del matrimonio de Luz y Pancho Castillo nacieron siete hijos,  ella estuvo entre las primeras bayamesas en incendiar su casa durante la madrugada del 12 de enero de 1869;  como Céspedes y Carlos Pérez partió a la manigua redentora… donde desafiaron hambre, muerte, frío y enfermedades.

Francisco del Castillo fue un activo independentista; murió antes del inicio de la gesta emancipadora cubana. José Fornaris conspiró como pocos contra el dominio español en la Mayor de las Antillas; le deportaron a lugares distantes de su Bayamo natal para que ¨estuviera lejos¨ algunos estudiosos afirman que siempre estuvo al lado de Cuba y su causa –aún en la distancia- Céspedes siempre le reprochó no haberse incorporado a la lucha libertaria en los campos insurrectos donde los versos sublimes de La Bayamesa se transformaron en canto patrio y volvieron a ser entonados con la misma pasión de antaño.

No recuerdas gentil bayamesa,
que Bayamo fue un sol refulgente,
donde impuso un cubano valiente
con su mano, el pendón tricolor?

No recuerdas que en tiempos pasados
el tirano explotó tu riqueza,
pero ya no levanta cabeza,
moribundo de rabia y temor?

Te quemaron tus hijos, no hay pena,
pues más vale morir con honor,
que servir a un tirano opresor,
que el derecho nos quiere usurpar.

Ya mi Cuba despierta sonriendo,
mientras sufre y padece el tirano
a quien quiere el valiente cubano
arrojar de sus playas de amor.

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