El tema “viene sonando” con insistencia. Y no me refiero a un tema musical, sino a la reducción de los partidos de béisbol a siete entradas.

Para algunos constituye un gran disparate que va contra la esencia de este deporte, pero para otros representa una necesidad en aras de acortar los juegos.
Ante todo, no olvidemos que el béisbol salió del programa olímpico, entre otras razones, por el choque con las cadenas de televisión, prestas a reflejar con dinamismo una mayor cantidad de disciplinas en el menor tiempo posible y los choques de este deporte rebasan, como regla, las tres horas.

Hace varias semanas el italiano Ricardo Fracari, presidente de la Confederación Mundial de Béisbol y Softbol (WBSC, por sus siglas en inglés), expresó en La Habana que a partir de las Olimpiadas de Tokio 2020, se aplicará la fórmula de siete innings para todos los torneos internacionales rectorados por ese ente, decisión que pronto encontró rechazo en varias federaciones.

Sin embargo, esta propuesta no es nueva pues ya se aplicó en categorías infantiles y juveniles y no se acabó el mundo por eso. Claro, si esta medida comenzara a aplicarse en todos los países cambiaría las estadísticas históricas, el rol de abridores y relevistas, los entrenamientos, las jugadas tácticas y muchos otros aspectos.

Es lógico que todo lo nuevo encuentre rechazo, más si cambia drásticamente una historia inmensa, pero el voleibol –poniendo a un lado las diferencias- se transformó totalmente en aras de la televisión y pasó de ser un juego algo aburrido a un dinámico pasatiempo.

¿Será que cuando probemos nos “aclimataremos”? ¿No existirán otras medidas para acortar los juegos como la eliminación de las visitas al box o la obligación de que los lanzadores relevistas tengan que trabajar a más de dos bateadores? Nadie tiene la respuesta certera a estas preguntas.

La Mayor League Béisbol (MLB), radicada en Estados Unidos y principal entidad mundial, ha dicho que esa reducción jamás se verá en las Grandes Ligas, pero lo cierto es que las siete entradas ya han puesto a pensar a más de uno.

Usted, que lee estas líneas, ¿aprobaría las siete entradas o se mantiene en la tradición?

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