Foto: Rafael Martínez Arias

Conversar con Harry Villegas Tamayo es todo un placer, porque es como un libro lleno de historias, muchas de estas las vivió al lado de Ernesto Guevara de la Serna, un mérito que pocos hombres han tenido.

Ello le posibilitó conocer de cerca al Guerrillero Heroico y valorar la dimensión universal de este hombre extraordinario, quien al llegar al Congo le pone a este yarense el mote de Pombo, que también lo distinguiría en Bolivia.

Pero antes de esas dos incursiones bélicas hubo una gran historia develada por Villegas Tamayo.

“Aún no había conocido al Che, cuando me alcé para la zona del Cauto con algunos compañeros, era muy joven entonces y aquello fracasó. El ejército batistiano nos cercó dos o tres veces y resultó difícil escapar, por eso decidimos irnos para la Sierra Maestra.

“Entramos por Canabacoa (Bartolomé Masó) y allí había un pelotón de la Columna del Che, dirigido por un santiaguero de apellido Figueredo, quien desaprobó nuestra inclusión. En aquel momento nos quedamos merodeando por la zona hasta la llegada del Che”.

EL PRIMER ENCUENTRO

“Conocerlo me impactó, porque tenía una personalidad que impresionaba. Eso me marcó profundamente, pues él era una leyenda y se conocía entre los campesinos como el argentino que vino a luchar junto a Fidel por Cuba.

“Enseguida indagó qué hacíamos allí, a qué habíamos ido y con qué íbamos a combatir. Yo tenía una escopetica calibre 22, se la mostré y me preguntó, ¿Vos pensás que con eso vas a derrotar a Batista? Por qué no se llenan de valor, bajan a Yara, donde hay cientos de soldados y los velan, se esconden, le dan unos garrotazos y le quitan las armas.

“Bajamos a cumplir la indicación pero en esa época habían muchos chivatos, como por ejemplo el carnicero del poblado, quien al vernos informó a los guardias y estuvimos precisados a huir.

“Luego hicimos contacto con unos comerciantes, buscamos de nuevo la zona del Cauto y los campesinos servicialmente aportaron escopetas y revólveres.

“Retornamos a Canabacoa y ya el Che se había ido. Subimos para Pata de La Mesa, donde estaba el campamento y le explicamos lo sucedido, dijo que lo más importante no era el fusil, sino la voluntad y decisión de luchar contra la tiranía”.

Posteriormente los principiantes fueron ubicados, Villegas Tamayo se quedó en el pelotón de la Comandancia del Che, como enlace y mensajero.

A partir de su incorporación, permaneció muy cerca del líder guerrillero y participó en varios enfrentamientos, como el de Vegas de Jibacoa, Las Mercedes y los de la invasión a Las Villas, entre estos se cuentan Cuatro Compañeros, La Federal, Fomento, Cabaiguán, Caibarién, Remedios y otros. También estuvo en la batalla de Santa Clara y en los combates del Congo y Bolivia.

Del Che, destaca su carácter estricto y fuerte, típico de un argentino con una cultura desarrollada y una sed insaciable de conocimientos.

“Tenía la virtud de ser exigente, empezando por él. Era muy humano y minucioso para ejecutar las cosas, te las explicaba al detalle y después te las chequeaba. Era, sin dudas, un tipo de jefe revolucionario.

“Detestaba las violaciones y hacía valer la disciplina, porque era la norma fundamental de la guerrilla, algo de lo que nos hacía conscientes a los miembros de la tropa, y si así no lo entendías, igual te la exigía.

“En una ocasión, en Minas del Frío, el Che estaba ausente y un compañero de Media Luna incitó a un grupo a reclamar por la carne, cuando el Che llegó y le explicaron lo ocurrido, para él eso era sedición y debía escarmentarse ese tipo de reclamos.

“Por tal razón castigó a algunos a estar sin comer y en atención en un polígono al sol y al cabecilla a una medida muy severa, pero entonces coincide con la visita de Fidel para comprobar las líneas defensivas y se encuentra con el caso, conversa con él y gracias a Fidel se conmutaron los castigos”.

Para el Pombo era un honor estar en el pelotón del Che, quien se preocupaba por elevar el nivel cultural de la tropa, a quien le impartía clases.

“Se identificó plenamente con las ideas de Fidel plasmadas en el programa del Moncada, destinado a resolver problemas sociales presentes en aquel instante en Cuba. El documento procuraba un país mejor, pero luego las circunstancias obligaron a radicalizarnos y a ejercer la dirección del país de forma centralizada”.

Sus relaciones con el líder guerrillero fueron buenas, siempre respetando la disciplina y su condición de jefe.

“No éramos grandes amigos, pero hubo un momento que trataba a los más cercanos como si fuéramos su familia, porque fuimos parte de la escolta y estuvimos mucho tiempo con él.

“Entre sus ocurrencias estuvo ponerme a administrar la Fábrica de sanitarios nacionales, en San José de las Lajas (Mayabeque), al triunfar la Revolución, y hasta me envió a la escuela de dirección de empresas”.

AMOR POR EL SER HUMANO

Interrogado sobre lo que más admiraba del Guerrillero Heroico refirió: “Su amor por el ser humano, por eso ofrendó su vida por el prójimo. Era una persona enfrascada en construir una sociedad mejor.

“El mayor legado fue su ejemplo de dedicación, superación, lealtad, sacrificio, valentía y compromiso, y cuando te hablo sobre el amor por el ser humano entran todas estas cualidades.

“Los jóvenes deben aspirar a ser como el Che por sus virtudes: honesto, desinteresado, ávido de conocimientos y por sus características de constructor de una sociedad próspera. Cumplía eficientemente cada tarea con la pasión de un revolucionario, el cual para Guevara de la Serna era el escalón más alto de la especie humana.

“Debemos aspirar a que nuestros niños y jóvenes se inspiren en él y lo vean como un paradigma de ser humano y combatiente. Nos enseñó a prepararnos constantemente, a ser capaces, ejemplares, cumplidores y, sobre todo, estudiosos”.

Haber estado bajo sus órdenes le permitió a Villegas Tamayo beber de su sabiduría, verlo actuar con honestidad y lealtad para su pueblo, para Cuba y Fidel. Él fue un paradigma en la guerra y en la construcción del socialismo.

En las postrimerías de la conversación, se impuso la pregunta del legado del Che, a lo cual respondió que lamentablemente siguen existiendo las causas y condiciones contra las que luchó.

“Sigue persistiendo la injusticia social, la pobreza, el analfabetismo y otros males opuestos a la existencia de un mundo superior, por eso debemos continuar luchando con el mismo tesón, con la misma dedicación que lo hizo cuando cayó en tierras bolivianas”.

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