Leonardo Verdecia y Rafael Pedreira, sostienen ellos solos, desde el agua, la producción de tilapias rojas y Gifts en las 40 piscinas de la granja de cría intensiva La Cascada, en Bayamo, Granma.

Terrenal, muy terrenal es la rutina laboral de Leonardo y Rafael. Acuática, más bien, porque para poner pan en sus mesas han de multiplicar primero muchos peces, hundidos hasta el pecho en las piscinas de la granja La Cascada.

No hay milagro en la faena, aunque algo, sí, de exclusividad; pues no son tantos los lugares parecidos (dos más, en Guantánamo y Villa Clara), donde el agua proveniente de un canal corre por gravedad y va saltando de una piscina a otra, reoxigenándose, hasta salir de nuevo a la corriente sin gastar un kilowatt ni consumir un litro transparente.

Los peces allí, en cambio, criados por Leonardo y Rafael, pasan en muy breve tiempo de alevines a una talla comercial que en los promedios logrados en apenas dos años y cuatro ciclos productivos, ya superó las normas definidas para la cría intensiva de tilapias rojas y Gifts (negras, mejoradas genéticamente).

El sitio está cerca de Barrancas, una localidad a una veintena de kilómetros al suroeste de la ciudad de Bayamo, y bajo la tutela de la Empresa Pesquera Granma (Pescagran) es referente en Cuba de cuán rápido puede, el cultivo de peces de agua dulce, poner ofertas frescas en los mercados, asegurar la masa de surtidos conformados en la industria, y empujar la economía territorial con las ventas en divisas al turismo que en el encadenamiento sustituye importaciones.

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«Cuando hicimos un arrastre con la red, para mostrarle al Presidente Díaz-Canel algunos peces, él bromeó con nosotros: Eso es como ‘pescar’ mangos bajitos, dijo, pero esto se las trae, no se crea», relata Leonardo Verdecia, sembrado allí hace 28 años, desde el día en que las piscinas se llenaron por primera vez.

«Se concibió para la ceba de pez gato, y así fue durante seis o siete años; pero ya usted sabe, los noventa… Las carencias apretaron todo y la granja no escapó, sobre todo por la comida de los bichos.»

Rafael Pedreira, el criador compañero, le ayuda a precisar que en 2002 levantaron un poquito con el estreno en la tilapia; pero los daños constructivos en las piscinas, la inestabilidad de la comida y los alevines muy pequeños conspiraron contra el despegue.

Ambos caen en el hoy. Leonardo cambia la mirada en la transición de la nostalgia al entusiasmo, y se agradece a sí mismo por la fidelidad. «No me fui nunca gracias a un apego que no puedo explicar. Pa’ que usted vea, no me gusta el pescado, pero me encanta pescar, y de verdad me daba lástima ver esto paralizado, sabiendo lo mucho y lo rápido que da.»

Y es verdad. Los números y la imagen de los peces que chapotean cuando comen generan una impresión placentera. Son cuarenta piscinas en 10 filas de cuatro, a distintas alturas, y en cada división 3000 tilapias exactas. «Contadas una a una, y con la mano, sí señor», enfatiza Diuver García, jefe de la granja.

«Si algo permite el espacio limitado es llevar ese control. Hacemos muestreos constantes para medir el peso, el tamaño, calcular el factor de conversión que indica la eficiencia (peso ganado por cantidad de comida), registrar la mortalidad. Para eso tenemos algunas piscinas vacías, como reservas y para maniobrar.

«Ahora mismo en 0.12 hectáreas hay 79 000 animales que con la talla alcanzada ya suman 24 toneladas de biomasa. El último muestreo nos dio un peso promedio de 395 gramos -pescable según las normas que fijan 320-, pero los llevamos a un mínimo de 450; aunque a decir verdad, salen de aquí oscilando entre 500 y 600 gramos.»

La Cascada, cuyo nombre lo debe al diseño de la tecnología- vive tiempos de renacer y crecimiento desde que entre 2017 y 2018 Pescagran reactivó la producción a partir del rescate constructivo de las piscinas. Sus siete obreros: dos criadores, el jefe de granja, la cocinera y tres custodios, han dado la respuesta consecuente.

Superaron con nueve toneladas el plan de 30 de 2018, y a poco más de la mitad del presente ya superaron con una las 40 pactadas.

Diuver detalla bajito, casi inaudible, que pronto sumarán las toneladas que «están nadando ahora mismo», lo cual les permitirá realizar otra siembra entre septiembre y octubre, rompiendo un nuevo récord.

El reportero repara en el plan, «conservador, ¿no cree?», pero García se ampara en las pruebas que todavía hacen, en los piensos importados de hasta un 25 % de proteínas que hasta ayer tuvieron «y que nos permitió anticipar a noviembre del pasado año las siembras correspondientes al inicio de este»; que por eso se adelantaron y podrán quizás hacer hasta tres ciclos en 2019.
«Ahora empezamos a usar pienso nacional, con 10 % de proteínas, que es lo que lleva esto y es más sostenible para el país; pero aún así hemos logrado acortar bastante el ciclo normado, de seis meses, logrando las tallas que ya le dije, de entre 500 y 600 gramos.»

Ese cambio de pienso, por supuesto, les ha bajado el factor de conversión. El año anterior lograron una tonelada de pescado por cada 1.6 de comida. «En este hemos necesitado 1.9, pero igual seguimos por debajo de la pauta, que es de dos.»

A razón de 3000 tilapias por piscina, la granja ya aportó más de 40 toneladas frescas este año.

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El día de la entrevista, los siete obreros se convirtieron en decenas. Un camión trajo desde Bartolomé Masó, donde radica Acuipaso –la UEB de Pescagran que dirije a La Cascada- a los obreros de las otras cuatro granjas. En ocasión de este 26 de Julio, el sitio luciría una imagen completamente restaurada (socioadministrativo terminado, cercas nuevas, pintura, luminarias…) y allá se movilizaron para dar en colectivo un empujón final.

Deyvis Chacón, director de Acuipaso, la más grande y compleja de las unidades acuícolas de Granma, explicó que La Cascada es la joyita, por la exclusividad y la eficiencia, aunque depende de la estación de alevinaje de Masó (que les provee la semilla) y sus producciones suman a los aportes del resto de las granjas de estanques.

«Esta de La Cascada precede un amplio movimiento inversionista que incluye la propia estación, los centros de tilapias y ciprínidos, así como el posible rescate de 12 hectáreas de estanques en El Cerro, para la ceba del clarias.»

Sin embargo, un proyecto mantiene entusiasmados a obreros y directivos. Impresionado por la factibilidad y la eficiencia del lugar junto al cauce, el Presidente Díaz-Canel puso énfasis en el programa de desarrollo de la acuicultura cubana, e indicó in situ replicar esta experiencia urgentemente, donde quiera que hubiera condiciones.

«Ya se ultiman los detalles de microlocalización para crecer, aquí mismo, con otras 80 piscinas; o sea, triplicar las dimensiones de la granja, incluso, con mejoras que optimicen la caída del agua», informó Raúl Liens, director de Pescagran.

«Hoy la mitad del acopio de La Cascada va, fresco eviscerado o procesado en industria, al comercio a la población en ferias, mercados, pescaderías. La otra mitad, a la venta en divisas al turismo.

«Está claro que en el cultivo de peces hay reservas inmensas para el país, por lo cual la política cubana es consolidar la cría intensiva (en cascadas y estanques) por encima de la extensiva (en presas), y garantizar el 70 % de las ventas para el mercado interno en divisas.

«Nosotros tenemos el 60 de extensiva y el 40 de intensiva, pero el programa de desarrollo va en rápida dirección a invertir tal relación, así como a superar, antes de 2030, las cinco mil toneladas procesadas. Este año, aunque el plan es 1850, aspiramos a pasar las 2000.»

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Leonardo y Rafael se deslizan suavemente hacia el agua, red en mano, para no sobresaltar a las tilapias. «En el verano es una bendición. Lo duro es en el frío. Pero igual, los resultados y la cuenta a fin de mes, en el bolsillo, explican todo.», sonríe el primero.

–¿Cuánto? –Entre 1200 y 1500 pesos por mes.
–¿De verdad? –Sí
–¿Seguro? –Bueno, más 40 en moneda convertible…
–Y ya estás al jubilarte, que lástima…
–Ummm… hasta 2017 contaba los años que me faltaban, 10 creo; pero del 2018 para acá ya no me acuerdo… ni me interesan.

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