Foto: Tomada de Internet

La primera vez era muy pequeña y muy reciente mi eterno amor por la ciudad estruendosa que me deslumbró para siempre, no se si fue en enero, pero en mi inocencia recibí aquel temblor como un regalo desconocido, a pesar de que los mayores armaron un revuelo de marca mayor.

Después fue cotidiano y por supuesto ya lo era para los santiagueros porque según datos oficiales la ciudad, al igual que toda la zona sur del oriente cubano, se asienta sobre la llamada “falla de Oriente”, donde están expuestas por mayor cercanía las provincias de Guantánamo, Santiago de Cuba y Granma, y donde se registraron durante el pasado 2019 la mayoria de los tres mil temblores de tierra imperceptibles, detectados en Cuba.

Y en este punto entra la preocupación cuando al consultar las estadísticas encontramos que en dicha falla ocurrieron eventos destructivos de magnitud 7,6 en el lejano 1776, de 7,2 en 1852 y 6,75 en 1932 y más cercano en el tiempo el de aquel mediodía del 25 de mayo de 1992 cuando a eso de la una de la tarde sacudió a la provincia de Granma uno de 6,8 de intensidad macrosísmica, que según algunos especialistas desprendió una energía superior a 15 bombas atómicas.

Tal dato siempre me pareció exagerado, pero no soy sismóloga y si los especialistas lo aseguran, entonces santa palabra. Así que el punto está en que también aseguran que existe una alta probabilidad (esta palabra no me gusta en absoluto) de que la falla de Oriente genere un sismo de magnitud 7 en el futuro próximo.

Y al saber esto, usted se queda con el pensamiento a la deriva porque si hay una certeza es que no existe tecnología capaz de predecir con tiempo un evento de esta naturaleza,entonces los estudios acerca del tema, las informaciones que se emiten de movimientos perceptibles o imperceptibles y los que no se detectan porque están moviéndose en el silencio aterrador de las profundidades, nos condenan irremisiblemente a esa palabra que genera el peor de los fantasmas : la incertidumbre, si o no, puede ser, tal vez y que es, claro está, lo que llamamos probabilidades.

Incognitas habrá, porque a ver quién sabe por qué enero es un mes tan fatal como para causar pánico, por lo menos en nuestra área, (Haití, 12 enero 2010, y provincias del oriente cubano enero de 2016 y enero 2017), Puerto Rico ahora mismo, cuando enero de 2020 no va ni por la mitad.

Sin embargo, la cadena de movimientos es abundante si se señalan los diferentes lugares del planeta donde este enero está presentado sus credenciales apocalípticas, mientras los especialistas dicen no tener evidencias científica para explicar la causa de la elevada actividad sísmica en esta época del año.

Por suerte estamos avisados, el Centro Sismológico de Santiago de Cuba, monitorea minuto a minuto esta actividad y su alerta temprana a la población crea, a pesar del miedo, un clima de mayor seguridad.

Eso lo digo muy bonito, pero nadie reacciona de la misma forma y un temblor en medio del sueño, bloquea los sentidos y de forma instintiva uno comienza a correr de un lado a otro de la casa buscando al resto de la familia. Es tenebroso esto que estoy diciendo, pero es la verdad. Sólo nos salvaremos si pasado el primer temblor somos capaces de reaccionar debidamente y tratar de protegernos.

No ceda espacio al pánico y la ingobernabilidad. Tenga a mano lo que algunos llaman “ la jaba de los temblores” y que no es más que un bolso con agua potable, su identificación y medicamentos indispensables. Esté alerta y cumpla paso a paso las orientaciones de la Defensa Civil que como todos los cubanos sabemos es estricta en sus disposiciones y con sus acertadas medidas ha protegido a la población de cientos de desastres naturales, teniendo como principal objetivo la vida de las personas

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