La inédita situación ante la amenaza de la Covid-19 en Cuba plantea retos como aumentar la producción de alimentos y evitar el desabastecimiento de productos, aun en situación de bloqueo.

Un escenario como el actual apela también a la calma y comprensión de las personas, evitar el acaparamiento y las molestas colas para adquirir alimentos en estos días de crisis epidemiológica.

Es todo un desafío mantener la estabilidad de los productos más demandados, diversificar la distribución de los mismos y contener la especulación de precios y el acaparamiento.

La respuesta gubernamental a la pandemia fue incrementar la producción de alimentos, acopiar más productos y abastecer los mercados agropecuarios velando siempre que se cumplan las normas establecidas.   Cultivos decisivos en el autoabastecimiento -arroz, frijoles, maíz, papa y viandas-, y la producción de huevo y carne de cerdo, son prioritarios para enfrentar la situación, afirmó el ministro cubano de Agricultura, Gustavo Rodríguez.

El titular explicó en la televisión nacional que existe un programa de autoabastecimiento municipal para garantizar mensualmente 30 libras de viandas y cinco kilogramos de proteína animal, por persona.
Buscar la calidad de las semillas, intercalar sembrados (sobre todo de ciclo corto), intercambiar conocimiento, prepararse para la campaña de siembra de primavera, usar materia orgánica y otras medidas forman parte de lo acordado.

Sin embargo, la capacidad de reacción del Gobierno pasa también por la importación de materias primas para la alimentación y el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos.
Ambos puntos son claves y están mezclados entre sí. Para tener una idea, el país gasta 500 millones de dólares en la importación de materias primas para la alimentación, hecho que atenta contra la seguridad alimentaria.

Las empresas encargadas de la elaboración de los productos alimenticios en el país importan aproximadamente el 70 por ciento de sus materias primas desde mercados como España, Brasil y Argentina, según el informe oficial, con el impacto del bloqueo.

El documento especifica que las afectaciones en la alimentación y la agricultura ascendieron entre abril de 2018 y marzo de 2019 a 412 millones 230 mil 614 dólares.

El cerco económico imposibilita además comprar en el mercado estadounidense, muy atractivo por sus precios, cercanía y variadas ofertas de materias primas, materiales y equipamientos necesarios para modernizar las líneas de producción, acorde con esos datos oficiales.

Por otro lado, entidades como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) alertan que aquellos países dependientes de la importación de alimentos son especialmente vulnerables a la ralentización de los flujos comerciales en momentos de crisis.

PLAN NACIONAL Y AYUDA DE ENTIDADES INTERNACIONALES

En su intervención en el programa radiotelevisivo Mesa Redonda para explicar las medidas ante la Covid-19 en Cuba, el titular de Agricultura anunció que se trabaja en un plan para fortalecer la seguridad alimentaria.

Comentó que la estrategia incluye aportes de una veintena de ministerios locales e instituciones internacionales como la FAO y otras.

Precisamente, la página web del organismo de Naciones Unidas reflejó un encuentro con las máximas autoridades cubanas para visualizar el trabajo en la organización de los sistemas alimentarios.
Al respecto, la jefa del Grupo Nacional de Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar del Ministerio de Agricultura, Elizabeth Peña, precisó que entre los temas estratégicos identificados está disminuir la dependencia de las importaciones de alimentos e insumos.

A esa lista se suman garantizar la calidad e inocuidad y disminución de las pérdidas y desperdicios de alimentos, consolidar los sistemas alimentarios locales y movilizar los sistemas educacionales, de la cultura y de la comunicación para fortalecer la educación alimentaria y nutricional, sostuvo.

Por su parte, el representante en la FAO en Cuba, Marcelo Resende, comentó que el plan responde a un gran esfuerzo de trabajo intersectorial que le permitirá al país mantener sus logros en materia de seguridad alimentaria y nutricional, y enfrentar desafíos como el autoabastecimiento.

Resende resaltó que el derecho a la alimentación está reconocido en la Constitución de la República de Cuba, por lo que llamó a consolidar las acciones que lo respalden.

El plan va de la mano de la propuesta gubernamental de cambiar la mentalidad importadora (el país gasta anualmente unos dos mil millones de dólares en importaciones para la canasta básica) y el afán permanente de garantizar los alimentos necesarios para la población cubana.

A las dificultades generadas por el bloqueo económico, se suma ahora una enfermedad de rápida propagación, lo cual aprieta un poco más el escenario alimentario en el país.

La máxima de garantizar la alimentación se mantiene, a pesar de estas difíciles condiciones.

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