Desde marzo último Cuba vive horas tensas. En estos más de cuatro meses el país no solo ha tenido que destinar sus esfuerzos a combatir la Covid 19, una enfermedad que ha trastocado la cotidianidad de todo el orbe, sino a enfrentar las secuelas que en materia económica ha provocado esta terrible pandemia a escala mundial.

La Mayor de las Antillas, con una alta dependencia de las importaciones, hace  malabares, por estos días de coronavirus y “estrecheces”, para garantizar a la población abastecimientos, sobre todo de los considerados productos esenciales o de primera necesidad.

 Sin embargo, el descenso de las producciones nacionales debido al déficit de materias primas,  las heridas acumuladas de nuestra economía debido el hostigamiento constante del gobierno de los Estados Unidos y las dificultades para acceder a compras en el mercado exterior debido al complejo escenario internacional,  han agudizado el desabastecimiento en los comercios del país.

De ahí que las colas kilométricas para adquirir productos básicos formen parte de  nuestra cotidianidad, unido a otro fenómeno, que no es nuevo, pero que lacera con más fuerza en estos días de carencias acentuadas. Por supuesto que me refiero a los coleros, acaparadores y revendedores.

Pocos no han sido los ejemplos de cómo en etapas matizadas por el déficit afloran grupos de pillos que pretenden engordar sus bolsillos a causa de la necesidad ajena; personajes que se dedican a adquirir mercancías u otros objetos que escasean,  con el propósito de revenderlos, a precios astronómicos, para obtener lucro o ganancias. Y este contexto que atravesamos le ha venido como anillo al dedo a no pocos especuladores.

Afloran hoy en establecimientos de todo el país, disponen de todo el tiempo del mundo  y se erigen como amos y señores de las denominadas colas de palo, porque estan “pa lo que saquen”.

Se escudan en miles de artimañas para monopolizar las colas:  inventan las listas, marcan para 30, compran al inicio, en el medio y al final, revenden turnos, y están  aquellos que se prestan para abastecer a terceros que luego revenden los productos.

Como sabemos, una vez reunido el botín esas mercancías pasan a integrar el listado de ofertas del conocido mercado negro o informal, a precios exorbitantes, porque lo más indignante es que esos pillos no se conforman con ganar  el doble de lo que le costó el producto, sino que quieren hacer zafra a costa de la necesidad ajena.

Por citar solo algunos ejemplos el pomo de aceite que se comercializa en la red minorista de comercio a 2 cuc, se está cotizando hoy  en esa red informal a 8, y la pasta dental close up, que se expende a 1.40, se está ofertando por la izquierda a un precio que alcanza hasta los 12 pesos convertibles. Sin dudas, precios de espanto.

La mayoría de estos personajes restriegan sus ofertas y revenden los productos a la luz pública, valiéndose de plataformas virtuales muy de moda por estos días como  Telegram, Whatsapp y Facebook, en los cuales se han creado grupos de compra y venta tan populares como revolico y en los que están a pululu productos como el pollo, el aceite, el champú, la pasta dental, el detergente, y otros a los que nos resulta difícil acceder en la red minorista de comercio, porque unos pocos ya los han acaparado.

Ante la preocupación popular creciente por esta lamentable realidad el presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, orientó enfrentar a los coleros y revendedores, personajes que, sin dudas, “nos complican la vida”.

Desde hace algunas jornadas acaparan titulares en los medios de comunicación las alternativas que se aplican en el país para poner freno a esos aprovechados que quieren vivir bien a costa de las carencias, los trucos y el sudor ajeno.  

Como parte del enfrentamiento a este fenómeno se han anunciado nuevas medidas en las últimas jornadas por parte del grupo Empresarial Cimex, a nivel nacional,  entre las que destacan supervisiones a unidades comerciales con ventas de productos que generan conductas de acaparamiento, así como prohibir la compra por los trabajadores de artículos en las unidades donde laboran, reservar a clientes turnos y mercancías en piso de venta y almacén, y divulgar información sobre los productos en almacén y los procedimientos internos de trabajo.

Asimismo cada provincia adopta medidas según las realidades y complejidades de cada territorio para cerrar puertas a esos personajes. En Granma, por ejemplo, se han creado inicialmente 47 grupos de trabajo, para el ordenamiento de las colas en las cadenas de tiendas Cimex y Caribe; encabezados, en cada unidad,  por dirigentes administrativos, con la colaboración de integrantes de  las organizaciones de masas y sociales.

Según se ha explicado, los consejos de dirección provinciales de las entidades comercializadoras reforzarán la organización de las ventas en las unidades de mayor complejidad, y se activan también grupos de enfrentamiento a instancias provincial y municipal en todo el suelo granmense con ese objetivo.

Sin dudas se está plantando bandera frente a esta plaga con la que combatimos en el día a día. Pero sería ingenuo pensar que podremos cortar este mal de raíz en unos pocos días, o con el escarmiento a algunos pillos.

Lamentablemente este es, al decir de un sabio colega, un cáncer que se ha ramificado, y por tanto nos espera una lucha ardua y compleja si queremos ganarle la batalla a quienes pretenden lucrar con la necesidad de un pueblo.

El camino contra esos demonios ya está trazado. De la constancia en el enfrentamiento y la participación de todos en el combate dependerá el éxito en este empeño.

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