Ya se acerca el final del 2020, y tras un año cargado de adversidades sanitarias y económicas, en las que resaltan la Covid-19 y el recrudecimiento del bloqueo, los cubanos nos disponemos a encarar el 2021 con nuevos retos.

El paso inicial fue dado con el reciente anuncio de la puesta en marcha de la tarea ordenamiento, que sin dudas -aunque saltan algunos escépticos- tendrá un efecto positivo en el crecimiento económico y posterior desarrollo.

Pero no solo basta con las decisiones de nuestro gobierno para alcanzar la prosperidad por tanto tiempo anhelada. Hay una gran cuota en la materialización de ese sueño colectivo que depende del aporte personal.

Para avanzar debemos ser más productivos, eficientes, evitar el derroche, la chapucería, producir con altos estándares de calidad y competitividad, para que los bienes y servicios cubanos se posicionen en lugares cada vez más privilegiados en la economía mundial.

Debemos trabajar tanto en el plano colectivo como en el personal, por mantener los productos que nos distinguen en todo el orbe, y por acrecentar las exportaciones, de modo que también debutemos en actividades económicas en las que no es usual ver estampado el cuño made in Cuba.

Sé que no es algo sencillo, pero si le ponemos ganas, esfuerzo, talento y dedicación, lograremos insertarnos en otros ámbitos en los que hoy todavía existen muchas potencialidades. Solo basta pensar que si otros países diezmados por constantes guerras y desastres naturales, han levantado portentosas economías  prácticamente de la nada, por qué nosotros, seres humanos igual que sus habitantes, no podemos conseguirlo.

Otra cuestión a tener en cuenta con respecto a la prosperidad, es que esta debe ser asumida con una conciencia dirigida a la disminución de las importaciones, pues ello contribuiría al desarrollo de la industria nacional y a un menor impacto de los vaivenes de la economía global.

El desarrollo también lleva conocimiento, no solo en el área científica, sino en temas financieros, una asignatura pendiente para los cubanos que, generalmente, nos interesamos por estas cuestiones cuando tienen una repercusión en la economía personal o familiar.

Debemos desterrar esos pensamientos atrasados de varios cuentapropistas de que para ganar más tienen que elevar los precios, cuando lo más conveniente es aumentar la productividad o vender más, pues, como alude una ley económica, el que más gana no es el que incrementa el valor monetario de un bien material o servicio, si no el que más vende.

De seguro, los que hoy se anticipan con altos precios a la cercana reforma salarial, discreparán de este precepto, pero la vida y las leyes económicas apoyan irrefutablemente esa veracidad.

Además de lo anteriormente expuesto, no es propio de hermanos de una misma nación, querer obtener grandes beneficios monetarios extorsionando a sus semejantes, cuando sabemos que muchas veces lo único que justifica el alza, son ambiciones personales y no el costo del producto que ofertan.

Ojalá este comentario sensibilice a los equivocados y deshumanizados, pero cuando cada trabajador sea capaz de dar lo mejor de sí por el desarrollo de su empresa, y por el eficiente funcionamiento de su entidad, serán menos las oportunidades para los que se aprovechan de las necesidades.

Avancemos hacia el 2021 conscientes de que nuestra mayor tarea y desafío es la economía, y que mejorándola ganaremos todos, y lograremos materializar el socialismo próspero y sostenible que nos hemos propuesto alcanzar.

Yelandi Milanés

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