Justo desde el sitio donde hace 73 años cayera vilmente asesinado, en la terminal ferroviaria de esta urbe suroriental, proletarios de la provincia de Granma, en representación del pueblo cubano, tributaron honores hoy al líder obrero Jesús Menéndez Larrondo.

Al calor de la jornada conmemorativa por el aniversario 82 de la Central de Trabajadores de Cuba, los presentes en el acto evocaron la vida y obra del General de las Cañas, al tiempo que ratificaron la fidelidad a sus ideas y principios.

La actividad político-cultural devino espacio para que al trabajador azucarero Luis Paneque Rivas, natural del municipio de Campechuela, se le impusiera la Orden Lázaro Peña de Primer Grado, otorgada por el Consejo de Estado de la República de Cuba.

Ahora me siento más comprometido con el ejemplo de Jesús, afirmó orgulloso el campesino, quien está vinculado a la Unidad Empresarial de Base Marcial Jiménez y continuará sumando méritos laborales para aportar a la economía del país desde su trinchera en el cultivo de la caña, aseguró.

Con la premisa de honrar las filas del Partido Comunista de Cuba, cinco féminas destacadas recibieron el carné que las acredita como nuevas militantes, de manos de Alexander Spech Céspedes, Primer Secretario de la organización política en el municipio de Manzanillo.

Maydelín Aguilera Romero, al frente del buró provincial del Sindicato de Trabajadores Azucareros, calificó al Capitán de la clase obrera como un gigante que ha trascendido en la historia nacional por su valor infinito.

Él sigue vivo en el corazón de los obreros del sector, quienes inmersos en el desarrollo de la contienda 2020-2021 patentizamos el compromiso de cumplir los planes pactados, agregó.

Hijo de una humilde familia negra, Jesús Menéndez nació el 14 de diciembre de 1911 en la zona de Encrucijada, en la otrora provincia de Las Villas, y laboró como vendedor ambulante, machetero, retranquero y purgador de azúcar.

Fue ejemplo de vinculación con las masas y entre sus mayores proezas figuran la creación del retiro y la lucha por el diferencial azucarero, la participación de técnicos y obreros cubanos en las negociaciones de zafra, y aumentos de salario para proletarios de los sectores ferroviario y marítimo.

El 22 de enero de 1948 fue baleado a traición por el sicario Joaquín Casillas Lumpuy, capitán de la guardia rural en Manzanillo, como parte de una ofensiva anticomunista y antisindical que gobernantes de Estados Unidos impulsaron en toda América tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

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