por Lorianne Urizarri

Nunca me han gustado los domingos, no sé que tienen que detesto su tranquilidad y falta de movimiento. Al parecer la vida se empeña en continuar dándome razones para que continúen como el peor día de la semana.

Este domingo se despidió de su pueblo de Veguitas Ernesto Ávila Ramírez, un joven de apenas 30 años, hijo único y con miles de sueños y planes por delante.

Allí su mamá Gisela desconsolada clamaba por ese joven fuerte, vigoroso, judoca, constructor, profesor, entusiasta. Allí sus amigos de la infancia, de travesuras y sus vecinos y familiares le decían su último adiós.

Hasta la funeraria del Consejo Popular de Veguitas también llegaron las máximas autoridades políticas y gubernamentales granmenses y yarenses para ofrecer sus condolencias y compañía a familiares y amigos.

Durante el sepelio la UJC igualmente rindió guardia de honor y se organizó bajo estrictas medidas higiénico sanitarias que todos los que quisieran llegar hasta la pequeña capilla lo hicieran para despedir al joven,quien recibió además Post mortem la medalla Rafael María de Mendive que reconoce la labor desempeñada durante su vida laboral.

Triste mi pueblo de Veguita, Granma y Cuba dándole a Ernesto su último adiós.

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