Menuda y tímida, discreta y ágil, de carácter fuerte, en decisiones y la resolución de estar al lado de la justicia es la campesina

Clodomira Acosta Ferrales, quién nació el 1ro de febrero de 1936 en Cayayal, Sierra Maestra perteneciente entonces al término municipal de Manzanillo, hoy al municipio Bartolomé Masó Márquez.

Su risa en el río es fuerte, entre paletazos al lavar las ropas y pescar langostinos, abundantes en esa zona fría y quieta del río Yara. Sin embargo hay muchas espinas y barreras para la felicidad de la joven que crece en medio de carencias materiales y pocas posibilidades objetivas de realizar un sueño más allá de las fronteras de su terruño natal.

Conoce el amor y el matrimonio la atrapa dentro de un humilde bohío sin más horizontes. Su innata rebeldía la lleva a deshacer ataduras morales y emprende el camino de su vida a pesar de recelos y críticas de sus mayores.

En 1957, cuando apenas tiene 21 años se presenta ante el abogado Fidel Castro Ruz, diez años mayor, el que lidera a un centenar de obreros, estudiantes, campesinos, decididos a luchar con las armas para derrocar al régimen batistiano.

Clodomira padece la pena que domina campos y ciudades: es iletrada, en varios kilómetros a la redonda de donde nació no hay escuelas públicas, hoy la escuela de Cayayal lleva su nombre y ella, su memoria y ejemplo, es la flor más perfumada y hermosa de aquel paraje que entre verdes y zunzunes prevé otros horizontes para niños y niñas.

Corta fue la vida de Clodomira, al morir asesinada en La Habana en septiembre de 1958 tiene 22 años y el deseo de materializar sueños posibles, los que son truncados por manos sanguinarias que odian a la juventud.

Dejó sin embargo una impronta inigualable entre sus compañeros de la Columna Uno José Martí. Como mensajera al servicio directo del Comandante Fidel cumplió difíciles y peligrosas misiones, llevando informaciones y órdenes entre los jefes guerrilleros, burlando cercos enemigos.

Dos veces fue prisionera y dos veces la salvó su perspicacia y agilidad para evadir situaciones difíciles. Perdió su cabello en manos de los esbirros, pero su autoestina se creció. No haber recibido instrucción escolar nunca fue impedimento para la joven, observadora y celosa con su misión de revolucionaria, de flor delicada pero erguida ante tormentas y vientos fuertes.

Entre las nacidas en Cayayal ella va dejando huellas, como en la maestra Yaneisi Fonseca Diéguez, amante de la Historia, heredera de Clodomira, de su firmeza y laboriosidad, de la hermosura interior y la resolución de hacer cada día un futuro mejor para sus gentes.

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