En la permanente lucha de los cubanos por la vida y contra la COVID-19, Katia Lorente Segura es una entre los muchos jóvenes que hoy dan un beso al mundo, como reza la canción Valientes, del dúo Buena Fe, en fehaciente revelación de los principios humanistas inherentes a los nacidos en la Isla.

Natural de esta urbe costera de la suroriental provincia de Granma, la educadora cruzó a zona roja del centro de aislamiento ubicado en la escuela pedagógica Celia Sánchez Manduley, como respuesta inmediata al llamado de la dirección municipal del sector en Manzanillo para ser voluntaria en la atención directa a personas sospechosas de portar el nuevo coronavirus SARS-CoV-2.

Consciente de los riesgos y la alta complejidad de la misión, desde el primer momento dije sí, porque los maestros nos caracterizamos por estar siempre en el frente de combate, y aquí estoy, declaró a la Agencia Cubana de Noticias, a través de la red social Whatsapp, mientras tomaba unos minutos de receso antes de continuar el intenso quehacer en labores de limpieza.

Entre otras tareas que ahora ocupan su agenda diaria refirió el servicio a pacientes durante los horarios de desayuno, merienda, almuerzo y comida, espacios donde con un trato amoroso también propician el diálogo educativo, todo bajo estricto respeto a las medidas de distanciamiento físico y autoprotección.

Las personas llegan aquí muy afectadas psicológicamente por el peso de ser sospechosos a la peligrosa enfermedad, y entonces conversamos mucho con ellos y les brindamos apoyo, pues como educadores no olvidamos nuestra función social, sin importar el escenario donde interactuemos, significó.

Lorente Segura manifestó que está viviendo una experiencia única y ardua, dados no sólo la responsabilidad y el peligro implícitos, sino por sentir de cerca la gratitud de cada paciente.

Como mujer y madre soltera ha sido muy difícil, tuve que dejar en casa a mi hija mayor, de 19 años de edad, encargada de su hermana menor, de 14, pero me alienta saberlas bien y cuidándose mutuamente.

Ellas saben que estoy ayudando a otros cubanos y a la Revolución, y las tres contamos, además, con el firme apoyo de mi mamá y varias amistades.

Subdirectora de formación laboral en la escuela especial Francisco Vicente Aguilera, de Manzanillo, Katia asume hoy una crucial misión a favor de la vida, y con su ejemplo inspira para que otros guerreros de nuevo tipo se alisten en la incesante batalla colectiva contra la COVID-19, como única alternativa para vencer.

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