A cuatro años hoy de crearse la Tarea Vida, Plan de Estado cubano para el
enfrentamiento al cambio climático, se evidencian importantes logros, afirmó en esta capital
Orlando Rey Santos, especialista en Política Ambiental y asesor de Cambio Climático del Ministerio
de Ciencia, Tecnología e Innovación (CITMA).

El experto explicó a la prensa que en la actualidad todos los asentamientos humanos
amenazados en la zona costera cuentan con sus respectivos planes de ordenamiento, adecuados a
las condiciones de un clima cambiante, y se determinaron las medidas para cada caso.

Al igual, han sido reubicadas el 11 por ciento de las viviendas necesitadas de traslado y se trabaja
para proseguir con el resto de ellas.

En el ámbito de la agricultura aseveró que se implementaron acciones de adaptación en la
mayoría de los cultivos claves para la seguridad alimentaria en la nación, incluidos el tomate, el
arroz y otros granos, y existen decenas de miles de hectáreas cultivadas con condiciones
reforzadas de protección climática.

Sobre la base de la Tarea Vida también se promueve el uso de transporte eléctrico, en lo cual se
prevé que para 2030 Cuba cuente con 55 mil vehículos de ese tipo, añadió.

Rey Santos hizo alusión además, al reforzamiento del rol de los bosques, no solo como
protectores del litoral y las cuencas hidrográficas, sino también como sumidero de las emisiones de
gases de efecto invernadero a la atmósfera, por lo que se formula el crecimiento de la cubierta
boscosa en alrededor de un tres por ciento para 2030.

Se refirió asimismo a sustanciales inversiones en diversos sectores para contrarrestar el impacto
del clima, como es el caso de la llevada a cabo por el Programa Hidráulico Nacional en el
financiamiento de actividades en aras de la protección de las aguas.

Al respecto precisó que se concluyeron los trabajos en el Dique Sur para el resguardo en la costa
de Artemisa y Mayabeque, y se han recuperado también otras áreas de diques y defensa costera.

El asesor del CITMA insistió en que aunque muchas estrategias de cuidado ambiental, forestal y
de los suelos se catalizaron y aceleraron gracias a la Tarea Vida, esos programas fueron
potenciados durante varias décadas por la dirección del país.

Agregó que con lo avanzado desde el 25 de abril de 2017, cuando se creó el Plan de
Estado para el enfrentamiento al cambio climático, la nación está más preparada para profundizar
en estas tareas en la siguiente etapa, pues se muestra mayor concienciación sobre el tema en la
población y las instituciones.

No obstante, insistió, es preciso continuar esas labores sin confiarse y debe primar la
responsabilidad acerca de las consecuencias a mediano y largo plazos, porque los estudios revelan
un futuro ascenso del nivel del mar de hasta 29 centímetros y esto podría incrementarse.

Agregó que en correspondencia con las prioridades del Gobierno cubano la Tarea Vida enfatiza en
estos tiempos los quehaceres vinculados al turismo, el sector agroalimentario, la construcción y el
ordenamiento en las comunidades, pero abarca todos los ámbitos.

El especialista mencionó como retos alcanzar una mayor conexión intersectorial y conectividad
entre los territorios, aumentar el conocimiento científico, sobre todo a nivel local, y profundizar en la
economía y en los análisis de costo-efectividad de las medidas en correspondencia con su utilidad
futura.

Rey Santos concluyó que la Tarea Vida ha evolucionado a una visión más estratégica, pues
comenzó centrada en las zonas costeras y en la respuesta a fenómenos extremos, y ahora
comprende un concepto más amplio, el cual busca la sostenibilidad y resiliencia de la generalidad
de asentamientos humanos de Cuba.

El Plan de Estado cubano para el enfrentamiento al cambio climático cuenta con cinco acciones
estratégicas referentes a la construcción de viviendas en zonas amenazadas, a las actividades
agropecuarias, a la diversificación de los cultivos y al reordenamiento urbano.

Además, despliega 11 tareas fundamentales para su desarrollo, que entre otros aspectos aluden a
las normas jurídicas, el uso del agua, las áreas priorizadas, la conservación de las playas, la
protección de los suelos, manglares y arrecifes de coral, la percepción de riesgo y la gestión de
financiamiento internacional.

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