Basta ver a Fidel, al pie de la escalerilla del avión IL-62, dando la bienvenida a los primeros 139 niños afectados por el mortífero accidente nuclear de Chernobyl, para saber –o al menos intuir– que el amor de Cuba se multiplicaría, y abrazaría, en su tierra, a quienes más lo necesitaban. Y así fue.

Era el 29 de marzo de 1990, y con el anuncio del Gobierno cubano de que recibiría a no menos de 10 000 infantes para brindarles una atención altamente especializada, en pocos meses el Campamento de Pioneros José Martí –radicado en Tarará– se convirtió en un gigantesco sanatorio para el tratamiento de los niños víctimas de la catástrofe, procedentes, sobre todo, de Ucrania, Bielorrusia y Rusia.

«El mundo recuerda la tragedia de Chernobyl, ocurrida hace 35 años en la ciudad ucraniana de Pripyat. Cuba hizo suyo ese dolor al ofrecer tratamientos y cura a miles de niños afectados por el accidente nuclear», destacó en Twitter el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Sin embargo, esta parte de la historia, que es, esencialmente, de profundo humanismo y amor, no siempre aparece reflejada en las series y en los libros extranjeros que buscan relatar lo acontecido después de aquel fatídico 26 de abril de 1986.

Muy pocas de esas producciones narran que, ante la solicitud de ayuda de la entonces Unión Soviética, la respuesta de Cuba no demoró, y nuestro sistema de Salud fue el único en el mundo que diseñó un programa integral y gratuito para las víctimas del que se considera uno de los eventos más graves en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares (ines, por su sigla en inglés).

Tampoco cuentan que la cifra de pacientes creció con los años ni que el programa no se detuvo después de la caída del campo socialista, ni en los años más tensos del periodo especial en la Isla. Contrario a eso, entre 1990 y 2016, se ayudó a más de 26 000 personas.

En otra lección épica de altruismo y solidaridad con el mundo, Cuba compartió, entonces, su ciencia y su pan, a pesar de la vuelta de tuerca con que el bloqueo económico de Estados Unidos, en esos años difíciles, creyó poder decretar el fin del socialismo en el archipiélago. Vaya fiasco.

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