Desde la primera línea hay que dejar claro que las redes sociales, los fanáticos, el béisbol, Alfredo Despaigne, la ética y la verdad parecen ser la misma cosa, aunque no lo son ni lo serán nunca.

Unas declaraciones dadas por el número 54 al espacio digital Swing Completo han levantado, como es lógico, polvos y humos, defensores y detractores, sin que medie un mínimo respeto, y lo peor, sacadas de contexto para caer en el pozo increíble de la agresión personal hacia uno de los mejores peloteros cubanos en la actualidad.

No vamos a ir a conceptos ni generalizaciones abstractas. Lo primero es saber qué dijo el granmense, pero no una frase o una idea sintética. Así que aquí les dejo la transcripción tal y como sucedió, tras la pregunta del colega Yaser Porto y luego de haber explicado que padecía una contractura muscular en el pectoral izquierdo, que lo alejará 3 o 4 semanas de los terrenos en la Liga Profesional Japonesa.

—¿Tiene algo que ver la lesión con el peso corporal? ¿Hay fanáticos que estaban preocupados por ti?

—Yo tengo un criterio sobre los fanáticos. Me he retirado un poco de las redes sociales porque, como le dicho a algunos amigos míos, los fanáticos no saben nada de pelota.

“Yo estuve en Cuba el año pasado y pesaba 119 kilos y cuando me fui para Japón y ahora mismo, estoy en 112 kilos. Bajé siete kilos y pico. Pero la gente sigue hablando. El problema es que el cubano es fanático y no sabe de béisbol. Lo que ven es lo que dicen y por eso son las controversias en Facebook, en Instagram. Por eso yo me he retirado de eso. No leo comentarios ni sigo eso ni ninguna página.

Nunca se va a quedar bien. Los más viejos del equipo, Cepeda y yo le decimos a los jóvenes que no se dejen guiar por las redes sociales porque si lo haces bien dicen que estás mal; y si lo haces mal también dicen que estás mal. Lo mejor es concentrarnos en el juego y seguir adelante. Si no puedes en esta oportunidad, hacerlo bien en la otra oportunidad y perfeccionar lo que hicimos mal”.

No vamos a filosofar sobre la diferencia entre el fanático y el aficionado; el especialista y el periodista; la libertad de expresión y la ofensa hiriente; la autosuficiencia y el conocimiento verdadero; la visión desde las gradas y la vida dentro de un dogout. De eso hay miles de tratados escritos, solo que muchos lo ignoran y simplemente se vulnera cuando la ignorancia sale de paseo o se disfraza de regionalismo, nacionalismo y vanidad.

Sin cortapisas ni estridencias, Despaigne en su frase, está refiriéndose a quien critica sin piedad sin todos los elementos; a quien juzga por puro placer de opinar, a partir de su afición desmedida; a quien irrespeta números, trayectoria, entrega y sacrificio porque algo salió mal en uno o en varios torneos; a quien lo sacude el amor por el béisbol al tiempo que lo ciega una pasión nunca vivida dentro de un terreno de pelota.

Nuestros peloteros, en sentido general, salvo excepciones, interactúan con la prensa y no pocas veces responden a nuestras entrevistas o se niegan a ella por razones que debemos respetar, aunque sean o no compartidas. Con justicia total, jamás Despaigne, incluso desde Japón, ha negado una declaración o entrevista a muchos colegas de su provincia y medios nacionales, entre los que me incluyo en varias ocasiones. De hecho, lo hizo con franqueza ahora en el aeropuerto de Miami para una página web de impacto en el mundo beisbolero.

Sacar de contexto la frase es obviar que ese mismo Despaigne, millonario por su talento y por un contrato firmado a través de la Federación Cubana de Béisbol, ha respetado como ningún otro al aficionado cubano cuando llega de cumplir su contrato en Japón y juega por Granma en terrenos que pudieran provocarle lesiones; se desliza como si tuviera 20 años; motiva a sus compañeros con su ejemplo y profesionalidad; dona bates, guantes, pelota para todas las categorías; visita hospitales donde hay niños enfermos que lo admiran; y se le ve andar, compartir y fiestar con amigos y vecinos sin poses ridículas por su dinero.

Este periodista pudo comprobar en Japón que a Despaigne lo paran en las calles para pedirle autógrafos niños y mayores; que los medios nipones lo veneran por sus cuadrangulares, impulsadas y por el respeto que siempre le ha tenido al público en cada estadio donde juega. Ha sido el imán para que hoy tengamos más peloteros cubanos a ese nivel. Y a nadie se le ocurre ensañarse de ofensas o críticas cuando no rinde o tiene que bajar a la sucursal del equipo porque el béisbol es así. Recordemos que es el único deporte en el que usted falla siete veces de 10 posibilidades y es un gran jugador.

Todo lo armado en redes sociales con la susceptibilidad de la frase en cuestión debió tomar en cuenta otra de sus respuestas en la propia entrevista a Swing Completo, cuando se le pregunta por un mensaje a la afición que lo apoyó en Miami y lo estaba viendo en Cuba. Aquí les dejo la transcripción que lamentablemente complementa y pone en contexto que Despaigne no aprueba al fanático descarnado e hiriente, pero ama al aficionado que tiene al béisbol en medio del pecho con virtudes y defectos.

¿Qué opinión te merecen los fanáticos que apoyaron a Cuba aquí y los que lo hicieron allá?

—Dar las gracias a todos y pedirles disculpas porque ellos esperaban que siguiéramos jugando, porque para eso el béisbol es nuestro deporte nacional. A los que fueron y no nos apoyaron, sino que fueron con otro fin, pues las gracias también porque nosotros lo asumimos como motivación para seguir adelantes. Y pedirles disculpas a todos por no haber pasado a la otra fase ni haber clasificado a los Juegos Olímpicos. Estamos en deuda con ustedes y esperamos que podamos resolver los problemas que tenemos para mejorar nuestro béisbol.

Con este Despaigne me quedo. Su disculpa mayor está aquí, en lo deportivo. La otra que algunos reclaman, mejor sería mirarnos por dentro y no levantar muros donde hay puentes de sobra en su forma de ser como persona y como jugador.

El 54 de Granma y de Cuba es uno de los grandes peloteros de este siglo en nuestro país. Y no mencionaré ni jonrones decisivos ni momentos cumbres. Su cuadrangular mayor ahora ha sido no perderse en la curva intoxicada de las redes sociales. Ojalá así lo aprendiéramos todos.

(Por Joel García, Tomado de Cubadebate)

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