En esta jornada en la que se multiplican las profundas muestras de amor hacia los padres, llegó también el culto profundo a Carlos Manuel De Céspedes, iniciador del proceso revolucionario cubano y quien ganó, a golpe de coraje, ética e intransigencia, el título de Padre de la Patria.

Corría el año 1870, cuando el prócer rubricó, quizás la más grande expresión del altruismo humano, y a la vez, la más difícil decisión tomada por un hombre firmemente entregado a la causa noble de un pueblo.
Su hijo Oscar había sido capturado por las tropas enemigas, y el patricio recibió un ultimátum del alto mando español, pero la respuesta de Céspedes fue contundente. No habia trueque posible si de patria se trataba.

En tributo a ese patriota excepcional, las máximas autoridades políticas y gubernamentales de Granma, colocaron una ofrenda floral ante la estatua que perpetua la imagen del patricio en la primera Plaza cubana de la Revolución, nombrada así por el prócer y ubicada a unos pocos metros de la casa donde nació el ilustre bayamés.

En la ocasión también se colocó una ofrenda floral ante la estatua de Perucho Figueredo, su compañero de lucha y autor del himno nacional.

Solemne y profundo devino el homenaje en el que se resaltó el legado de Céspedes como excepcional revolucionario y hombre de familia.

Como colofón del tributo los presentes depositaron las flores del compromiso y la lealtad ante la escultura que rinde honores a ese padre mayor, quien nos legó incontables lecciones de patriotismo y cubanía.

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