Su disposición y sencillez saltan a la vista, incluso por detrás de un traje que prácticamente solo deja al descubierto los ojos. Con total entrega y amor, Akine Ismael Abdallah, joven de Islas Comoras, al sureste del continente africano, y graduado de Medicina en Cuba, da su aporte en el enfrentamiento de la pandemia desde las zonas rojas.

Especialista en Medicina General Integral, Akine realiza el servicio social como médico de la familia en un consultorio de Cautillo Abajo, una zona rural del municipio granmense de Cauto Cristo, y labora por segunda oportunidad en el centro de Aislamiento habilitado en una de las sedes de la Universidad de Granma, conocida como Campus 2, centro donde se atienden a pacientes sospechosos y contactos de casos positivos a la enfermedad.

“Para mí trabajar en zona roja es más bien un honor, una forma de agradecer a Cuba y a la Revolución por haberme formado, y brindar mi servicio al pueblo cubano que tanto cariño me ha dado durante todos estos años. También es una experiencia que nos ayuda a fortalecer valores que aprendemos durante la carrera, como por ejemplo el valor del humanismo, el de solidaridad, y de sensibilidad”.

“Es un poco complejo el trabajo en zona roja, primero por el nivel de conciencia y el nivel de bioseguridad que uno tiene que tener en cuenta. También es bastante complejo llevar un traje como este en Cuba, un país tropical, muy caluroso; y es un atuendo que es bastante incómodo, mucho calor, pero es el que tenemos que usar porque es el que nos protege, es el que nos salva la vida a nosotros para poder salvar la vida a los demás”.

Las tensiones de hacerlo todo con cariño, pero respetando los estrictos protocolos sanitarios marcan las arduas jornadas de trabajo que este valiente ha protagonizado en este centro de aislamiento donde se libra un combate constante a favor de la vida.

“La gratitud y la sonrisa del paciente después de haber recibido un buen servicio, la sonrisa y el agradecimiento es la mayor satisfacción que tenemos nosotros los que trabajamos en zona roja”.

“Agradezco mucho a todos los directivos de los centros de aislamiento por la acogida, los subdirectores, los jefes de enfermería, que siempre han apoyado y han sido nuestro brazo derecho para que en los centros de aislamiento la tarea salga bien”.

“Siempre que he estado en zona roja me he llevado buena experiencia tanto de los equipos médicos, los equipos de apoyo que son estudiantes de la universidad, los directores de las instituciones; hice nuevas amistades, uno ve más jóvenes que están comprometidos con la tarea y que les gustaría que algún día acabemos definitivamente con esta pandemia”.

Tiene 29 años este valiente que ha decidido enfrentar el peligro en función de un bien común, pese a los infinitos riesgos y los naturales temores que afloran.

“El miedo siempre existe, pero la seguridad en sí, el deseo de salvar vidas y la protección personal deben superar el temor a contagiarse”.

Desde esa zona de infinitos riesgos el joven doctor nos hace un llamado a la conciencia ciudadana y el autocuidado:

“El consejo es uno solo, cuidarse mucho; quedarse en casa, cumplir las medidas establecidas, y que nos ayuden porque nosotros los médicos no podemos quedarnos en casa, ya que tenemos que estar en la primera línea de enfrentamiento a la pandemia porque nosotros somos cuidadores y velamos por la salud de los otros. Pero si el pueblo nos ayuda, y todo el que pueda se queda en casa y se cuida, a lo mejor algún día podremos retornar a nuestros hogares con la satisfacción del deber cumplido”.

Mientras nos relataba parte de ese día a día en el centro de aislamiento, donde se conoce de las esencias del ser humano en situaciones extremas, Akine también nos comentaba de su intención de retornar a la zona roja tras completar el protocolo establecido.

“Es una linda experiencia, me gustó y siempre estaré dispuesto a aportar cada vez que me necesiten en un centro de aislamiento o en otro escenario en el que requieran mis servicios para combatir la Covid 19” Esta será si dudas una experiencia de superación profesional y personal, tejida desde la solidaridad y el humanismo, que este joven africano formado como médico en Cuba, guardará entre las mejores lecciones de una pandemia.

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