Cada martes, jueves y sábado el joven Leonardo García Ortega se acopla a una máquina que realiza la función de sus riñones y purifica la sangre; su oportunidad, como la de cientos de granmenses que llegan hasta el servicio de Hemodiálisis del hospital Clínico Quirúrgico Celia Sánchez Manduley de Manzanillo, pondera al ser humano por encima de cualquier carencia.

«Para mí significa mucho, porque mis riñones no funcionan ni eliminan de mi cuerpo ninguna toxina, y las hemodiálisis garantizan mi vida».

Aunque el bloqueo impuesto por Estados Unidos hace seis décadas limita a Cuba el acceso a la tecnología para esta vital prestación, y obliga a la mayor de las Antillas a adquirir a altos costos los insumos y material gastable en Europa, y a buscar alternativas como reutilizar algunos; lo cierto es que, aún en condiciones desfavorables por el asfixiante acoso de esta genocida política norteamericana y de la COVID-19, el tratamiento sustitutivo de la función renal totalmente gratuito permanece.

La hemodiálisis cada martes, jueves y sábado durante cuatro horas sustituye la función renal del joven Leonardo García Ortega// Foto Cortesía del entrevistado

«Tengo 32 años, pero desde niño me subía la presión y a los 16 años se me diagnosticó una insuficiencia renal crónica en fase terminal, me ingresaron, me pusieron un tenco y comencé con la diálisis peritoneal.

«Tras un mes realizando esta me pusieron un catéter, que luego se reemplazó por una fístula, e inicié con las hemodiálisis que se extendieron entre septiembre y marzo, recuerdo, cuando me llegó un trasplante de riñón.

«Con ese nuevo riñón viví durante nueve años, pero hice rechazo y ya llevo seis años con las hemodiálisis.

«La sala ha ido creciendo, porque el número de pacientes desafortunadamente crece mucho más y somos alrededor de 11 en cada uno de los cuatro o cinco turnos diarios.

Según estimados el costo de una hemodiálisis oscila en unos 100.00 dólares por paciente, por cada sesión de tratamiento, que se realiza tres veces a la semana, y al año suman 156 // Foto Cortesía del entrevistado

«Las condiciones lamentablemente han disminuido porque se carece, por ejemplo, de agujas, que se reutilizan claro está después de esterilización; de las líneas y dializadores. También estamos siendo afectados por la falta de medicamentos necesarios para este programa de la Revolución.

«Aunque hay dificultades en ocasiones con el transporte, y considero que debe organizarse mejor para trasladar en el horario de la madrugada a los que vienen de otros municipios; el taxi nos recoge y retorna a la casa siempre que nos corresponde el tratamiento, que en mi caso son cuatro horas.

«Con la situación de la pandemia igualmente se organizó para proseguir la atención a los positivos, sospechosos y contactos, y luego se higienizan las máquinas para cuidar de los demás.

«No se interrumpe, y de presentarse situaciones nos dicen: esperen, pero se hace la hemodiálisis porque de ellas depende nuestro bienestar; y todo el personal médico y de enfermería nos trata como familia.

El personal sanitario del servicio de Hemodiálisis del hospital Clínico Quirúrgico Celia Sánchez Manduley acompaña a los pacientes en esta lucha por su vida // Foto Cortesía del entrevistado

«Ya tengo puesta la segunda dosis de Abdala, y sigo en la lista para transplante; por eso significa para mí la vida».

Su historia no precisa de más, la medicina cubana al servicio del pueblo, aún con cientos de limitaciones, es para viejos y jóvenes como Leonardo un surtidor de esperanza.

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