De manera consciente la población granmense que está involucrada de una u otra manera en la vacunación anticovid19 tiene la certeza de que recibir el inmunógeno es acceder a la vida.

Rostros felices y agradecidos hablan de la confianza en nuestros científicos y en la historia de resultados que Cuba tiene en cuanto a la vacunación poblacional, que resguarda desde el nacer a los ciudadanos de este país.

Los científicos cubanos producen casi el ochenta porciento de las vacunas que se emplean en el Programa Nacional de Inmunización y la historia data que las primeras vacunaciones iniciaron en el país ya desde finales del siglo 18 y principios del 19, cuando se trajo a la isla la vacuna contra la viruela, una enfermedad europea que afectaba al nuevo mundo.

Otro gran protagonista en vacunas en Cuba fue Tomas Romay quien introdujo la vacuna antivariólica, en 1804 para hacer otro poco de historia.

En los tiempos modernos resultan exitosas las experiencias contra la poliomielitis, la tuberculosis con campañas significativas a partir del año 1960, en tanto son exitosos los resultados de las vacunas contra la hepatitis B, contra la meningitis, y la pentavalente con que se inmunizan nuestros niños al nacer.

Tanta confianza en la calidad de nuestras vacunas no puede ser olvidada, y hoy cuando el virus Sars Cov Dos, mantiene en vilo a la humanidad, contar en Cuba con Abdala, la primera Vacuna anticovid de América Latina y El Caribe, pone en primer lugar a la población cubana, en la recepción de un producto de elevada calidad y meridiana eficacia para la protección ante la epidemia.

Vacunarse es acceder a la vida, y ahí están los sitios clínicos y el extraordinario despliegue que está haciendo el país, para que cada cubano, reciba esta protección y pueda protegerse ante la epidemia, que hoy asola a la humanidad sin distinguir edades ni regiones.

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