Bayamo, 3 sep (ACN) Con más de 30 años de experiencia y cuatro de ardua labor en el Sistema Integrado de Urgencias Médicas del serrano municipio de Buey Arriba, en la provincia de Granma, la enfermera Marisbel Pérez Fonseca es una de esos miles de profesionales de la Salud Pública cubana que luchan sin descanso para ganarle la batalla a la pandemia de la COVID-19.

La montaña suma complicaciones a un trabajo difícil por naturaleza, pero ella no habla de sacrificios o caminos malos, sino de llegar, siempre, hasta donde sea posible, y también de las cosas que sólo hace un gobierno revolucionario como el nuestro, subrayó.

Sus declaraciones a la ACN tuvieron lugar a mitad de la tarea del día, consistente en asegurar transporte y asistencia especializados para que siete embarazadas de intricados parajes de la Sierra Maestra recibieran la vacuna Abdala, inmunógeno de producción nacional con un 92,28 por ciento de eficacia en la prevención de la enfermedad sintomática causada por el coronavirus SARS-CoV-2.

Precisamente dicha misión, que en la cotidianidad de la Isla resulta normal como derecho ciudadano y deber de un sistema sanitario gratuito y universal, constituye ejemplo de esas “cosas de Cuba”, impensables en muchos países del mundo.

La lógica de Marisbel habla de esencias que subsisten por encima de incontables problemas y carencias materiales, cada vez más acentuados a consecuencia de los embates de la pandemia y las restricciones del bloqueo económico, comercial y financiero del gobierno de Estados Unidos contra la mayor de las Antillas.

Para Pérez Fonseca una jornada laboral comienza a las 5:00 de la madrugada, pues hay que recibir la ambulancia y las precisiones sobre las tareas del día, y antes se dejan las cosas organizadas en casa, donde el esposo sale igualmente a trabajar.

En el constante ir y venir entre llanos y lomas, allí donde el camino ya no permite avanzar más, resulta clave la ayuda de las propias familias y los profesionales de los consultorios de las diferentes comunidades, quienes bajan a los pacientes en hamacas, para que nosotros podamos completar el encargo de salvar vidas, señaló.

Su carro de montaña, aseguró, cuenta con el equipamiento necesario en función de dar los primeros auxilios ante cualquier inconveniente durante los traslados, y en estos tiempos de pandemia aplican las medidas higiénico-sanitarias y de prevención para evitar contagios por la COVID-19.

Desde un río crecido hasta viviendas ubicadas a uno o dos kilómetros del local del equipo básico de salud, las situaciones complejas típicas del lomerío implican que, muchas veces, sea necesario hacer más de mil cosas para llegar, pero siempre se llega, recalcó el doctor Héctor Taset Martínez, jefe de Atención Médica en Buey Arriba.

Precisó que, junto a la lucha contra la pandemia y el proceso de inmunización a grupos vulnerables con Abdala, el municipio mantiene el esquema nacional de vacunación dirigido a proteger a los ciudadanos de otras enfermedades prevenibles por inmunógenos.

Garantizan, además, servicios básicos, cuerpo de guardia, consultas de afecciones respiratorias, terapia, oftalmología, ultrasonido, rehabilitación y estomatología de emergencia; todo a partir del autocuidado y el cumplimiento de los protocolos de bioseguridad requeridos, agregó.

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