Si hace unos meses nos estremecíamos ante cifras absolutas de 40 o 60 casos positivos de Covid-19 en la provincia de Granma, el momento multiplica los temores cuando andamos por los 700 al día, un nivel de positivos anunciados, pero no tan asimilados.

Y es que las estadísticas y pronósticos y los estudios de los epidemiólogos y matemáticos parecieran estar formulados para otros, y que no sean parte de la realidad de hoy en este territorio, que no había vivido lo crudo de la pandemia.

Qué nos sucede? ¿Qué pasa con este virus escondido en nuestro organismo que emerge sigiloso y golpea a nuestros allegados ante el mínimo desliz?

Contener la epidemia es una cuestión de urgencia.

Demasiadas personas se contagian a diario, y en ellos se suman los más frágiles, los más débiles, los más desprovisto, y de ello somos responsables, nosotros mismo.

Está bien que existen actividades vitales que no pueden recesar, pero en los protocolos para enfrentar la epidemia están establecidas un sinnúmero de actuaciones. Se habla de la salida de casa solo de los indispensables, la higiene, el nasobuco, y sobre todo que cada familia adquiera el nivel de conciencia que les permita resguardar la fragilidad de sus niños y la inocencia de sus ancianos.

Podemos tener criterios sobre agilidad y eficiencia en los servicios básicos de salud, tardanza en resultados de PCR, esperas sustantivas en consultas para infecciones respiratorias agudas, sobre el inadecuado proceder en la pesquisa alejada de la realidad que prevalece puertas adentro del hogar, y luego del inadecuado seguimiento a los levantados con sintomatología de Covid-19.

Más, no nos podemos alejar de nuestra propia conducta inadecuada, de la falta de disciplina personal para ponernos fuera de la distancia en que la Covid-19 dispara certera para darle continuidad a su especie viral, en un nuevo organismo humano.

Esa proteína que está entre lo vivo y lo no vivo, es más astuta y veloz que lo que suponemos, y como no guarda sentimiento alguno, aprovecha las brechas que dejamos, en nuestro ignorante e inconsecuente concepto de que no la vamos a pescar.

Romper esta cadena de contagios tiene varias opciones. Acudir rápido a los servicios de salud, mantener las normas de bioseguridad, y resguardar con la distancia por medio, a todos los que podamos proteger.

En tanto vamos agregando ese gran condimento combativo que son hoy nuestras gloriosas vacunas cubanas, que llegan a los adultos y los niños de la familia, pero a las que también, con disciplina, para salvarnos, tenemos que ayudar.

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