La culpabilidad de la CIA en el crimen del avión cubano en Barbados, es el título de una reiterada acusación de un experto cubano sobre el rol de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos en el sabotaje que costó la vida a 73 personas hace 45 años.

Nunca dejaré de escribir sobre este horrendo suceso que nos invade aún de tristeza e indignación, ni de denunciar a la CIA como uno de sus principales causantes, advierte Manuel Hevia Frasquieri, Director del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado de Cuba.

En un amplio artículo publicado en el sitio digital del Ministerio del Interior, el autor recuerda el discurso del Comandante en Jefe Fidel Castro, el 15 de octubre de 1976, en una concentración en la Plaza de la Revolución en la despedida del duelo de aquel atentado del seis de octubre de ese mismo año.

Rememora que en aquella jornada luctuosa, Fidel dio a conocer al mundo el texto de un mensaje secreto de la CIA, dirigido a uno de sus mercenarios en Cuba, tres días después del ataque, en el que le preguntaba:

“¿Cuál es la reacción oficial y particular sobre ataques de bombas contra oficinas cubanas en el extranjero? ¿Qué van a hacer para evitarlas y prevenirlas? ¿De quién se sospecha como responsables?

Ante tales interrogantes, continúa, Fidel se preguntaba “¿Por qué deseaba la CIA conocer qué medidas se tomarían para evitar y prevenir los actos terroristas?”

“Al principio teníamos dudas si la CIA había organizado directamente el sabotaje o lo elaboró cuidadosamente a través de sus organizaciones de cobertura integradas por contrarrevolucionarios cubanos; ahora nos inclinamos decididamente por la primera tesis. La CIA tuvo una participación directa en la destrucción del avión de Cubana en Barbados.”

Señala que el máximo líder de la Revolución Cubana tenía toda la razón, pues el crimen encajaba con total precisión en la sucesión de acontecimientos en aquel año trágico cargado de agresiones y atentados terroristas contra Cuba en el extranjero por mercenarios a sueldo que actuaban por mandato de la CIA.

Señala que años después, se conoció que en junio de 1976 las principales organizaciones terroristas anticubanas que operaban desde Estados Unidos fueron convocadas a la ciudad de Bonao, República Dominicana, para extender el terrorismo internacional contra Cuba, y prosigue:

Una nueva agrupación denominada Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU) integró a los tradicionales grupos fascistas, algunos dirigidos por la propia CIA, entre los que se encontraban Acción Cubana, Brigada 2506, Frente Liberación Cubano, Alpha 66, Abdala y Movimiento Nacionalista Cubano.

El terrorista Orlando Bosch Ávila estuvo al frente de ellas por designación y el CORU sería la cabeza visible. Se posee evidencias de la presencia del terrorista Luis Posada Carriles en Santo Domingo en aquellos momentos, estrechamente vinculado a los actos más violentos.

Los pormenores de esta reunión fueron conocidos en detalle por el FBI y la CIA, cuyos agentes encubiertos estuvieron presentes. Allí supieron meses antes del crimen de Barbados las intenciones de estos grupos terroristas de hacer estallar un avión cubano en pleno vuelo.

Varios autores coinciden que aquella reunión constituyó una maniobra de la CIA para sacar de territorio norteamericano el accionar de aquellos grupos más agresivos que habían creado una seria inestabilidad por los actos terroristas y atentados personales que habían provocado también la muerte de ciudadanos norteamericanos y pérdidas materiales cuantiosas a ese país.

Un veterano oficial de la División antiterrorista de la Policía de Miami declaró años más tarde “… los cubanos llevaron a cabo la unión del CORU a solicitud de la CIA…los Estados Unidos apoyaron la reunión para tenerlos a todos en la misma dirección nuevamente, bajo el control de los Estados Unidos.

“La señal básica fue adelante y hagan lo que deseen, fuera del territorio norteamericano…”

Una visión más pormenorizada de aquel salvajismo lo brinda una investigación histórica realizada por nuestro Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado.

En enero de 1975 una explosión había causado cuatro muertos y dos heridos en Puerto Rico, un mes después, una bomba fue desactivada en las oficinas de la línea aérea colombiana en este último país, y en marzo, dos artefactos detonaron en una oficina de turismo en Panamá que vendía pasajes a Cuba y en el consulado de Costa Rica en la ciudad de Los Ángeles, California.

En mayo y julio dos bombas estallaron en las embajadas de Venezuela y Costa Rica, en la ciudad de Washington, y en julio fue saboteado un buque puertorriqueño en San Juan, Puerto Rico.

En octubre otras dos bombas estallaron en Miami, mientras el 29 de diciembre detonaron otro artefacto en el salón de equipajes de la línea aérea dominicana del aeropuerto La Guardia, en Nueva York, que causó 13 muertos y 75 heridos, hecho terrorista sin precedente en los últimos años en ese país.

Después de la reunión de Bonao, el FBI y la CIA conocieron por boca de sus agentes los comentarios de Orlando Bosch en un encuentro celebrado con otros terroristas cubanos en las que expresó su disposición de hacer “algo más” contra Cuba.

Entonces, decidieron terminar con Orlando Letelier, ex -ministro del gobierno de la Unidad Popular Chilena, asesinado en plena calle el 26 de septiembre de 1976 en la ciudad de Washington, a manos de terroristas cubanos y agentes de la DINA chilena del dictador Augusto Pinochet.

Según documentos desclasificados, el terrorista y agente de la CIA Luis Posada Carriles comentó en otra ocasión que “tumbarían un avión cubano y que “Bosch tenia los detalles”. Esta conversación se produjo a escasos días del horrendo crimen sin que la CIA o el FBI aplicaran medida alguna para dar seguimiento a estos planes e impedir un hecho tan monstruoso.

Casi cuarenta años después, en junio de 2015, se conocerían nuevas evidencias de la complicidad de la CIA en estos hechos, señala el Director del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado de Cuba.

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