Millones de personas en todo el mundo sintieron con horror la cercanía de una conflagración nuclear aquel 22 de octubre de 1962, ante el anuncio del presidente estadounidense John F. Kennedy, quien desde La Casa Blanca informó sobre el bloqueo naval a Cuba.

Esa medida fue impuesta tras el descubrimiento, por aviones espías, de cohetes atómicos soviéticos en la Isla, rodeada poco después con 183 buques de guerra, entre los que había ocho portaaviones y 40 mil infantes de marina a bordo de los transportes.

Kennedy justificó esos actos con la argumentación de que la URSS y Cuba eran las responsables de poner en peligro la paz mundial sin razón alguna, interpretación que prevalece en gran parte de la opinión pública hasta nuestros días sobre los supuestos responsables de la que sería también conocida como la Crisis de Octubre.

Hasta el día 28 de ese mes se extendió, fecha en la que los norteamericanos aceptaron retirar cohetes de Turquía y los soviéticos los suyos de la mayor de las Antillas, sin que se incluyera en las negociaciones a La Habana.

El 23 de octubre el Comandante en Jefe Fidel Castro habló por televisión para denunciar la política de Estados Unidos, advertir el riesgo de invasión, movilizar totalmente al pueblo y expresar la disposición de combatir, cualesquiera que fueran los riesgos.

Años después, al analizar las circunstancias de la Crisis de Octubre y las razones que llevaron a la instalación de los cohetes dijo: “A mí, personalmente, no me gustaba la presencia de esa base militar soviética en Cuba, por una razón de imagen de Cuba, de imagen de la Revolución Cubana y agregó (…): si deseábamos que los soviéticos nos apoyaran en caso de una agresión, sería inmoral oponernos a la presencia de esas armas en nuestro país, puesto que ellas fortalecían también a la Unión Soviética (…) Por eso dimos una respuesta positiva».

Además, teniendo como base la real posibilidad de que el gran traslado de hombres y armamentos fuera detectado como ocurrió y le permitiera a Kennedy desplegar su torcida versión de los hechos, Fidel propuso reiteradamente hacer público el acuerdo bajo el respaldo del derecho internacional y se acordó que tal acuerdo se anunciaría en el mes de noviembre.

En octubre de 1962, Kennedy pudo seducir con sus argumentos a la opinión pública que desconocía las operaciones secretas contra Cuba desarrolladas mucho antes de la llegada a la Isla del primer cohete soviético, e inclusive las desarrolladas en 1958, época en que la CIA por indicaciones del entonces presidente norteamericano Dwight Eisenhower trató de impedir que Fidel Castro llegara al poder.

Esos esfuerzos tomaron la dimensión de política de Estado con la aprobación en el Consejo de Seguridad Nacional el 16 de marzo de 1960 del “Programa de Acción Encubierta contra el Régimen de Castro”, que perseguía derrocar por la fuerza al Gobierno Revolucionario.

Pero sería el propio presidente Kennedy quien superaría los límites agresivos con la Operación Pluto, heredada de la anterior administración y que conllevó la fracasada invasión mercenaria por Bahía de Cochinos el 17 de abril de 1961, la que estimuló una enfermiza sed de venganza contra la nación antillana de la Casa Blanca.

Esa nueva operación fue elaborada bajo la supervisión directa del mandatario estadounidense y de su hermano Robert, en aquel entonces Fiscal General, y contemplaba campañas terroristas de asesinatos, sabotajes, de propaganda para promover las disensiones en el apoyo popular al nuevo estado, ataques de bandas de alzados en el campo y sublevaciones contrarrevolucionarias en todo el país.

Por la magnitud de acciones fue la Operación Mangosta, la más grande prevista en tiempo de paz por la CIA, el Pentágono, el Departamento de Estado y otras agencias oficiales contra un gobierno extranjero que tenía como etapa concluyente la invasión de las fuerzas armadas norteamericanas para restaurar la dominación imperialista en la Isla antes de que concluyera octubre de 1962.

En esa misma fecha debía aplicarse la parte final de las acciones con la invasión de las fuerzas armadas estadounidenses, muy anhelada por el Pentágono para sacarse la espina de Girón, y que a tenor de la propia Operación Mangosta de los Kennedy, le daba preponderancia a la acción militar que convertiría a Cuba en el Vietnam caribeño, desestabilizando peligrosamente la región, lo que sin dudas sería el más probable curso de acción de la administración del Norte de no chocar sus planes con la inesperada Crisis de Octubre.

Para supervisar y armonizar todo este esfuerzo y “resolver el caso cubano” se encargó al fiscal general Robert Kennedy el rango de una especie de interventor de la CIA, donde acostumbraba entrevistarse con los agentes y oficiales encargados de las misiones contra Cuba, estilo que adoptó el propio Presidente, quien departió con uno de los jefes de la Operación Mangosta, William King Harvey, y lo calificó como el James Bond de la CIA, el cual lo libraría de su obsesión de acabar con el comunismo en Cuba.

También la Casa Blanca abrigaba la esperanza que de serían exitosos sus esfuerzos en el plan de asesinatos de los principales líderes de la Revolución.

La Operación Mangosta fue desclasificada en el contexto de la gran crisis institucional y social en EE.UU.,que se reflejó en la renuncia del presidente Nixon por graves delitos en acciones ilegales para mantenerse en el poder en 1974 y la propia derrota de Vietnam un año después en 1975.

Estas revelaciones que no tienen antecedentes en la historia de Washington y que incluyeron muchas acciones encubiertas contra Cuba, estimularon un boom de memorias de participantes, obras literarias, filmes e investigaciones independientes que le dieron un mayor nivel a la novela policiaca en la que la CIA era el personaje central, en un ejemplo de cómo la realidad puede superar e inspirar a la ficción.

Actualmente pueden ser consultadas en internet pruebas documentales que demuestran hasta la saciedad estos planes aplicados por la administración yanqui, que solo fueron interrumpidos por la Crisis de Octubre, algo muy diferente a aquella dramática puesta en escena del presidente Kennedy el 22 de octubre de 1962, cuando vistió la piel de cordero con la que ocultó al mundo quién era el verdadero agresor de aquella historia. (Por Jorge Wejebe Cobo, ACN)

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