Cuántos sentimientos causan los maltratos, qué sensación de estar minimizada, de ser irrespetada, qué angustia en lo más hondo del pecho.

Así se refiere la joven mujer a los “malos momentos con su pareja”, cuando era objeto de maltrato físico y de otras formas de violencia intrafamiliar, situación agudizada al separarse, porque ahora el blanco del daño sicológico es el hijo de ambos, en edad escolar.

La reciente apertura de las Consejerías para la atención a la violencia en las casas de orientación a la mujer y la familia, en este caso en la Casa provincial, abrió las puertas para la atención a este, el primer caso, en el cual se observa alienación parental con el menor.

A partir de ahora el camino por recorrer es largo y engorroso, pero a la disposición de la afectada está una comisión multidisciplinaria encargada de orientar, encaminar y proponer posibles soluciones.

La violencia intrafamiliar no distingue edades, niveles educativos ni grupos socioeconómicos, porque cuando la irrumpe en la familia deviene hecho cotidiano.

La violencia hacia las mujeres tiene carácter de universalidad, una de cada dos en el mundo es víctima de este flagelo en cualquiera de sus manifestaciones, y lo más preocupante es que el 70 por ciento de ellas sufre maltrato físico o sexual a manos de su pareja, y según afirma Myrta Kaulard Coordinadora del Sistema de Naciones Unidas, “no es una cuestión solo de países en desarrollo. Las cifras son extraordinarias y es importante mencionarlas, porque subrayan la relevancia del problema”.

En 1999 se designó al 25 de noviembre como Día Internacional de las Naciones Unidas para la Eliminación de la violencia contra las mujeres, y en 2008, Ban Ki-moon, secretario general de la organización lanzó la campaña global “UNETE para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas”.

Desde los primeros años del triunfo de la Revolución el gobierno cubano ha dedicado importantes esfuerzos para empoderar a la mujer y reconocerla como sujeto social, todo lo cual se visualiza en un amplio sistema de leyes como la Constitución y los códigos de Trabajo y de Familia.

En todo ellos sobresale el activismo mantenido de instituciones, organizaciones y asociaciones como la Federación de Mujeres Cubanas y la Unión Nacional de Juristas, entre otros muchos.

Aquí se combate la violencia de género e intrafamiliar a través de un enfoque integral multidisciplinario, y existen programas que abordan temas como la paternidad responsable, la educación no sexista, el acceso a la salud sexual y reproductiva, y se continúa trabajando al unísono en aras de cambiar patrones culturales o estereotipos.

Ejemplos como el expuesto al inicio de este trabajo demuestran que todo lo hecho no es suficiente, y que la violencia no debe verse ligada solamente al maltrato físico. Se ha ganado terreno, pero este es también un problema de salud para la mujer cubana.

Nuestros medios de comunicación no son sistemáticos al tratar el tema, y les falta profundidad al abordarlo en algunas ocasiones, además, continúan los espacios humorísticos en los que frecuentemente se mancilla la imagen de la mujer, y algunos videos clips en la televisión y los medios no tradicionales reflejan de manera crítica la mujer sexy, como un objeto sexual.

Como vemos el problema no es para nada nuevo, y no es algo que se resuelva individualmente, sino con la toma de conciencia de cada individuo, por ser un fenómeno colectivo, social y público, que requiere de la labor de todas las instituciones, los medios de comunicación y las leyes.

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