Corría la segunda mitad del mes de noviembre de 1958, y ya era casi inminente la posibilidad de un gran enfrentamiento entre las tropas batistianas y las del Ejército Rebelde. Guisa se mostraba como el posible lugar de un conflicto armado, que tendría consecuencias con un gran peso en el desarrollo posterior de la guerra de liberación nacional.

En ese paraje montañoso se inició el 20 de noviembre a las 8:30 a.m. una batalla que duraría 11 días, la cual comenzó al interceptar las fuerzas guerrilleras una patrulla enemiga que diariamente hacía el recorrido de Guisa a Bayamo, poniéndola fuera de combate a los pocos minutos.

Según el parte ofrecido por Fidel Castro Ruz sobre la acción bélica, ese mismo día a las 10:30 a.m. llegó al lugar el primer refuerzo contra el que se combatió hasta las 6:00 p.m. A las 4:00 p.m. un tanque T-17 de 30 toneladas quedó destruido por una poderosa mina. Horas antes un camión repleto de soldados, había sido también devastado con el mismo artefacto.

Luego el líder rebelde comienza a detallar en su comunicado las acciones realizadas cada día, en las cuales hubo derroche de valentía por parte de sus subordinados, quienes enfrentaron tanques de guerra, aviación, artillería pesada y numerosas y bien pertrechadas tropas.

Explica que en esos días de hazañas vestidas de verde olivo, había quedado sitiada no solo la guarnición de Guisa, sino que se rechazó el avance adversario, que en días como el 29 de noviembre movilizó alrededor de 2 mil 200 hombres. El Comandante en Jefe reconoció el papel decisivo de los reclutas, que con escasa preparación y sin experiencia militar escribieron páginas gloriosas.

Al final de su parte refiere que el 30 de noviembre se libraron las últimas acciones; los batallones que habían tomado posiciones a dos kilómetros del pueblo, intentaron reiteradamente avanzar durante todo el día sin conseguirlo. Después de la huida precipitada de la guarnición de Guisa (…) A las nueve de la noche la vanguardia guerrillera penetró en el poblado. Ese mismo día sesenta y un años atrás, fuerzas del Ejército Libertador al mando del General Calixto García Íñiguez habían tomado ese territorio montañoso.

El ídolo de Birán especifica que se apoderaron de un tanque de guerra T-17, 94 fusiles diversos, dos morteros 60, un mortero 81, una bazooka, siete ametralladoras trípode calibre 30, 55 mil balas, 130 granadas, 70 obuses de mortero 60, 25 de 81, 20 cohetes de bazooka, 200 mochilas, 14 camiones, víveres, medicinas, etcétera…

Al enemigo se le ocasionaron más de 200 bajas entre muertos y heridos que fueron abandonados en el campo de batalla. Ocho rebeldes cayeron heroicamente y siete fueron heridos. La batalla se libró principalmente contra las tropas acantonadas en Bayamo, sede de una Zona de Operaciones que abarcaba desde Maffo hasta Pilón, la cual contaba con abundante parque militar y alrededor de 5 mil 500 efectivos.

El más destacado oficial reconocido por Castro Ruz fue el capitán Braulio Curuneaux, quien cayó gloriosamente defendiendo su posición en la loma del martillo, desde donde controlaba la carretera y le impedía el paso a las huestes adversarias.

Las unidades revolucionarias al mando de sus oficiales, combatieron con una moral extraordinaria. Una escuadra del pelotón femenino Mariana Grajales demostró la acertada decisión de incluir a la mujer en la lucha por la liberación final.

Sobre las enseñanzas luego reflexionaba Fidel en el discurso pronunciado con motivo del aniversario 30 de la Batalla de Guisa: “¿Tienen alguna utilidad esas lecciones? Sí, tienen una utilidad enorme, porque enseñan lo que puede el hombre, lo que puede el revolucionario. Enseñan lo que puede hacerse ante obstáculos inmensos, frente a dificultades al parecer insuperables”.

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