Lo diverso no debe ser debilidad sino fuerza

El Grupo de los 77 –dijo Fidel– necesita de una reflexión colectiva sobre cómo enfrentar las nuevas realidades mundiales para tener acceso al desarrollo, erradicar la pobreza, defender las culturas y ocupar el lugar que le corresponde en la toma de decisiones globales

El Grupo del G77 y China empieza a conformarse, aunque aún de manera muy incipiente, en diciembre de 1961, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una Resolución para constituir lo que se denominó Decenio de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Así lo explicó al equipo de prensa de la Presidencia, Abelardo Moreno Fernández, asesor del Ministro de Relaciones Exteriores, diplomático de extensa trayectoria, y quien, acompañando al compañero Ricardo Alarcón de Quesada –entonces embajador de la Isla ante la Organización de Naciones Unidas–, fue uno de los dos primeros cubanos que participaron en una reunión del Grupo de los 77.

«Ahí empezaron las consultas por parte del Secretario General de la onu, con una serie de países, para ver qué se podía hacer con vistas a propulsar ese Decenio de las Naciones Unidas para el Desarrollo».

Las resoluciones que se aprobaron a raíz de las consultas «dieron luz a que se creara la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo»; y eso dio lugar a un Comité Preparatorio, «en el cual 75 países subdesarrollados que participaban en las tareas de las Naciones Unidas en esa época comenzaron a actuar de conjunto. Y ese fue el primer fermento de lo que después sería el Grupo de los 77».

Al final de esa Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, enunció Abelardo Moreno en la entrevista publicada en el sitio de la Presidencia, «los 75 aquellos –que ya no eran 75, que ya eran 77– elaboraron un comunicado que trataba de definir qué cosa era el Grupo y cuál era su motivación».

El Grupo, según expresaba el comunicado, se comprometía a mantener, fomentar y fortalecer la unidad con miras al futuro. Y para tal propósito hacía alusión a adoptar todos los medios posibles para incrementar los contactos y consultas entre los miembros.

Lo común entre todos los países, y así lo afirma el comunicado, es que, en relación con el mundo desarrollado, eran naciones dependientes, no interdependientes.

El horizonte se dibujaba entonces como la necesidad de completar la liberación de los países del Tercer Mundo, en relación con la dominación exterior.

En 1964, en el seno del Movimiento de los Países No Alineados, y al finalizar la primera sesión de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, se crea el Grupo de los 77. Con el tiempo, aunque se mantuvo el nombre del mecanismo intergubernamental, se fueron sumando naciones hasta hacer la cifra, hoy, de 134, en representación de América Latina, África, y el sur de Asia. En 1992 se sumó China, país que participa y colabora de manera externa.

CARTA DE ARGEL

La acción política más destacada del Grupo en sus momentos fundacionales es, según apuntó Abelardo Moreno, «la aprobación del documento que se conoce como Carta de Argel, que fue aprobada por el Grupo de los 77 en octubre de 1967».

En esa carta quedó delineado que el programa de acción «consistía en imprimirle un nuevo impulso a las negociaciones Norte-Sur. Pero fíjense, es importante esto: siempre dentro del sistema imperante. No se planteaba una modificación de ese sistema de Estados patrones y Estados dependientes.

«Unos cuantos años después, a comienzos de la década de 1970, se produjeron determinados hechos, determinados avances que desembocaron en un cambio en la actitud de ese Grupo. Ya el proceso de descolonización había avanzado; se había consolidado la independencia política de un número importante de nuevos Estados. Todos los esfuerzos internacionales y regionales en pro del desarrollo habían fracasado, habían resultado decepcionantes; y dentro del Grupo de los 77 comenzaron a manifestarse dudas sobre la preservación del modelo de desarrollo imperante».

El experto diplomático comentó que «los miembros del Grupo empezaron cada vez a tener mayor conciencia de que las instituciones del sistema económico que, en ese entonces, habían sido creadas por los países capitalistas desarrollados para satisfacer sus propios intereses, y por ello las necesidades, las condiciones especiales de los países subdesarrollados se habían ignorado olímpicamente, y estos permanecían en una situación de pobreza y dependencia; por tanto, empezaron a percatarse de que era necesario realizar cambios fundamentales en el sistema económico internacional, para crear un marco propicio para el desarrollo, y sentar las bases para una verdadera independencia económica».

El establecimiento del nuevo orden económico internacional, «luego de haber sido propuesto por el Movimiento de Países No Alineados, se convirtió, en aquel tiempo, en el principal objetivo del Grupo de los 77».

LIMITACIONES Y DESAFÍOS

A pesar de la voluntad que se manifestó en el momento de aprobarse la Declaración, y también del programa de acción para el establecimiento del nuevo orden económico internacional, persisten y han persistido, durante muchos años –tal cual valoró Abelardo Moreno–, grandes limitaciones y muy serios desafíos.

Nada es fácil para la agrupación de Estados más grande del planeta, para ese «grupo dispar y diverso, en el que confluyen varias ideologías y diferentes visiones del mundo», como lo ha descrito el diplomático cubano.

La propia naturaleza del mecanismo intergubernamental «ha contribuido a que, en las últimas décadas, al Grupo le resulte difícil llegar a acuerdos sobre los problemas más acuciantes, y que sus decisiones se basen en los mínimos; y no en la verdadera solución de los problemas centrales y raigales que afectan a sus integrantes.

Ha sido Estados Unidos, afirmó el asesor del Ministro de Relaciones Exteriores, «el principal valladar en bloquear los objetivos del Grupo de los 77, de desarrollar un diálogo Norte-Sur fuerte, que resolviera problemas concretos».

En su opinión, así fueron las cosas porque el país norteño pretendía que cualquier decisión que se tomara pasase primeramente por el Fondo Monetario Internacional y por el Banco Mundial, y que, además, tuviese como basamentos las recomendaciones de esos organismos que constituían y constituyen una arquitectura financiera que responde a los intereses del mundo occidental.

«Esta falta de progreso en el diálogo Norte-Sur llevó a que el Grupo de los 77 empezara a centrarse, cada vez más, en la cooperación Sur-Sur, que no podía ser neutralizada directamente por los países industrializados de occidente».

La cooperación Sur-Sur, sin embargo, «encontró muy serios obstáculos». Abelardo Moreno hizo referencia a tres de ellos, que han sido fundamentales: primeramente, se propuso, por parte de Estados Unidos, del Grupo de los Siete, y también de algunos tanques del pensamiento neoliberal, «que había que hacer desaparecer a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, porque era un instrumento en manos del Grupo de los 77; y no solo eso: que había que hacer desaparecer a la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial».

«El segundo elemento que dificultó avanzar en el marco de la cooperación entre los países en desarrollo fue la herencia colonial que había provocado la consolidación de una división internacional del trabajo, centro-periferia, y la consiguiente brecha tecnológica en los regímenes internacionales monetario, financiero, comercial y de asistencia al desarrollo, que beneficiaban a los países del Norte».

Un tercer obstáculo, tampoco menor, estuvo en la falta de infraestructura de comunicación, infraestructura de financiación, de dinero para realmente promover una relación comercial y de otro tipo, en el plano Sur-Sur.

También está la creación de subdivisiones. Ciertamente, ha dicho el diplomático, «reflejan realidades, pero como quiera que sea son subdivisiones; por ejemplo, se ha creado un grupo de los países menos desarrollados, otro grupo de países insulares, otro de los países sin litoral, otro de los países subdesarrollados con costas bajas, y así se ha ido atomizando al Grupo.

«Obviamente, todos esos países existen, y todos tienen problemas particulares, eso es cierto; pero la existencia de esos problemas particulares hace muy difícil que en el Grupo se puedan aprobar posiciones que sean de importancia y de utilidad para todos, y no para un grupo determinado».

La capacidad numérica del Grupo de los 77 ha constituido, al decir de Abelardo Moreno, una fortaleza: en la década de los 70 y en la mayor parte de los 80 del siglo XX –subrayó el diplomático– esa cualidad, bajo el influjo de los países No Alineados, hacía posible que el mecanismo intergubernamental fuera capaz de «imponer cualquier decisión; incluso en Naciones Unidas se le llamaba la aplanadora, porque en realidad, cuando los países del Grupo de los 77 decidían actuar unidos, eran como una aplanadora».

El prestigioso intelectual recordó las palabras del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en su Mensaje a los participantes en la Reunión Ministerial del Grupo de los 77, celebrada en La Habana, el 19 de septiembre de 1999:

«Formamos un conjunto de países caracterizados por la diversidad en cuanto a la geografía, las culturas y los niveles de desarrollo económico. Esa diversidad no debe ser debilidad, sino fuerza».

Periódico Granma

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